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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 383

—Abuela, quería preguntarte... ¿el director Moreno tuvo un primer amor en el pasado?

Alba fue directa al grano. Aunque el vínculo con su abuela no era tan profundo como el que compartía con su abuelo, sabía que Beatriz la quería de forma genuina. Entre ellas no había necesidad de andarse por las ramas.

—Así es, ¿cómo te enteraste? ¿Qué pasó, sucedió algo grave? —preguntó la anciana, sorprendida. Ni siquiera tuvo tiempo de lamentarse por la frialdad con la que Alba se refería a su propio padre biológico; su mente saltó de inmediato a la conclusión de que algo andaba mal.

—No es nada grave, solo tengo curiosidad. ¿Qué clase de mujer era su primer amor? ¿Por qué no terminaron casados?

—Pues por qué más iba a ser, porque tu abuelo y yo los separamos. Nos negamos rotundamente a que esa mujer entrara a la familia Moreno —respondió la abuela con naturalidad. No intentó ocultarlo ni sintió que fuera un secreto vergonzoso. En su época, los padres tenían la última palabra sobre los matrimonios, especialmente en las familias adineradas de la alta sociedad.

—¿Y por qué? ¿Acaso sentían que ella no estaba a la altura de los Moreno?

Alba ya tenía sus sospechas. Probablemente, ese era el motivo por el cual esa mujer, Clara Serrano, y su hija Valeria odiaban tanto a su abuela. Eso confirmaría que fueron ellas quienes la envenenaron poco a poco, casi llevándola a la tumba. Resultaba que no solo eran unas malagradecidas que mordían la mano que les daba de comer, sino que también eran frías, calculadoras y capaces de cualquier atrocidad con tal de conseguir lo que querían. Al pensar en ello, un destello fugaz de pura hostilidad cruzó por los tranquilos ojos de Alba.

—Qué lástima que usó toda esa astucia para el mal. Siempre andaba metido en negocios sucios y estafas, hasta que cometió la estupidez de traficar con medicamentos confidenciales del Estado.

—Afortunadamente, recibió su merecido y lo enviaron a prisión con una condena de por vida. Incluso con las rebajas de pena, dudo que salga pronto. Con eso, la familia Serrano se fue directo a la ruina.

Al recordar todo aquello, la abuela soltó un suspiro cargado de nostalgia. Sentía lástima de ver cómo una familia con tanto potencial se había destruido a sí misma. Menos mal que su difunto esposo había sido perspicaz; él también notó que padre e hija eran demasiado salvajes y ambiciosos, y por eso se opusieron en rotundo a esa relación. Viéndolo en retrospectiva, no se equivocaron en su juicio. Era cierto que Sara Moreno no era la mujer más brillante del mundo y que su inocencia rayaba en la estupidez, lo que la hacía pésima para ser la matriarca de la familia. Pero al menos provenía de la prestigiosa familia Soto y era la niña de sus ojos; en términos sociales, había sido un excelente partido para los Moreno.

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