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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 382

Sentía una frustración y un remordimiento insoportables. De no ser por la poca cordura que le quedaba, habría ido corriendo a estrangular a esa maldita de Valeria con sus propias manos. ¡Resultaba que no era el único que sabía que esa infeliz los había estado manipulando a su antojo! No quería ni imaginar lo que la gente de afuera pensaba de la extraña relación entre él, sus hermanos y Valeria. Mateo volvió a lanzar una mirada furtiva hacia Alba, que estaba a pocos pasos de distancia, y su arrepentimiento se volvió aún más amargo. Se negaba a darse por vencido. Quería rogarles a su abuela y a su tía que intercedieran por él, que intentaran convencer a su hermana para arreglar las cosas. Pero mientras buscaba desesperadamente las palabras adecuadas para soltar la petición con tacto, Alba, que ya había leído sus intenciones a kilómetros de distancia, lo frenó en seco.

—Abuela, tengo algo importante que hablar contigo a solas —dijo Alba, girándose de golpe y cortando cualquier oportunidad de Mateo.

En efecto, había algo que necesitaba preguntarle en privado. La abuela Beatriz podía estar entrada en años, pero en su juventud había sorteado tormentas mucho peores; era una mujer sumamente astuta. Captó el mensaje al instante y se dirigió a Lana.

—Este muchacho hace mucho ruido y es bastante molesto. Llévatelo a la sala y dale unas buenas lecciones, quiero pasar un rato a solas con Albita.

—De acuerdo —respondió Lana, quien también era experta en leer entre líneas.

Se puso de pie, agarró al tonto de su sobrino por el cuello de la camisa con un movimiento rápido y se lo llevó a rastras sin darle opción a réplica.

Mateo, convertido ahora en el paria de la familia, pensó: *¿En qué momento terminé cayendo tan bajo?*

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