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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 391

—¿No hablabas con tanta fluidez hace un momento? ¿Por qué ahora ni siquiera puedes articular una frase completa?

Alba finalmente no pudo evitar hablar, con un toque de leve sarcasmo en su voz.

Nada mal, había valido la pena el esfuerzo de esas últimas noches programando aquella aplicación para cortar todas las comunicaciones que deseara.

Era evidente que alguien respaldaba a Valeria, de lo contrario, no tendría la capacidad de hablar sobre un problema mundial que ni los expertos podían resolver con facilidad.

No hacía falta adivinar, seguro era su madre biológica quien la ayudaba desde las sombras.

Lo más probable era que ni su propia madre supiera cómo resolver el problema, o tal vez temía que Valeria no lo repitiera bien, por lo que su explicación fue bastante superficial.

Y ahora, ella había cortado la comunicación justo cuando esa mosquita muerta se sentía más orgullosa e invencible.

Tsk, tsk, a ver cómo seguía presumiendo ahora.

El rostro de Valeria palideció al instante; no tenía idea de qué había fallado, estaba en pánico y con la mente en blanco.

Su madre le había asegurado que ese sistema de comunicación era de última tecnología y a prueba de interferencias, diseñado para sacarla de apuros en cualquier momento y lugar.

Después de todo, ahora que había entrado al Grupo Moreno, seguramente se enfrentaría a muchos dilemas académicos.

Fue precisamente por la garantía de su madre que soportó el dolor de que le implantaran aquel chip en el oído interno.

¡Y ahora, en su primer uso, todo se iba al diablo!

¿Acaso había sufrido tanto dolor y agonía para nada?

Al final, no solo no había obtenido ningún beneficio, ¡sino que estaba perdiendo la cara y siendo humillada frente a todos, justo delante de la maldita mujer que más odiaba!

Ahora se arrepentía amargamente de haber alardeado con tanta impulsividad, y odiaba aún más a su madre por fallarle en un momento tan crucial.

—Vale, ¿qué demonios está pasando? —Pablo estaba a punto de explotar de rabia.

Hace unos instantes había querido poner fin a aquella situación tan incómoda, pero entonces esta mujer aseguró que podía continuar.

—Es que fue así, de la nada. Me empezó a doler el estómago y siento que no puedo respirar bien.

A Valeria se le llenaron los ojos de lágrimas, su voz adoptó un tono mimado, y sin importarle que hubiera gente alrededor, se aferró al brazo de Pablo y lo sacudió levemente.

—Pablo, tú eres quien más me consiente, ¿cómo podría mentirte?

Ese tono infantil y sus grandes ojos llorosos siempre habían sido su arma letal para manipular a los hermanos.

Nunca fallaba.

Y como era de esperar, Pablo, que seguía furioso, al escuchar sus palabras dulces y ver esa expresión de ciervo asustado,

sintió que su enojo se disipaba un poco. Empezó a creer que su malestar era real e incluso sintió un poco de lástima por ella.

—Ese dolor de estómago sí que es oportuno. Te piden que repitas algo, no sabes qué decir y, casualmente, te duele el estómago y te falta el aire.

—Si te falta el aire, llamemos a una ambulancia. A ver si tienes algún defecto de fábrica y necesitas que te vuelvan a armar, pero deja de hacer el ridículo aquí, que da pena ajena.

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