Abrió la boca para hablar, pero sintió un nudo enorme en la garganta; no fue capaz de articular ni una sola sílaba.
—¡B-bueno, voy a empezar ahora mismo, así que presten mucha atención! —logró soltar, repitiendo la frase una vez más como un grito ahogado, rezando para que su madre despertara y comenzara a dictar de una vez por todas.
Pero la respuesta fue el mismo silencio aterrador; como tirar una piedra al fondo del océano.
—Ya, ya, ya entendimos, ¡arranca de una vez! Llevas repitiendo la misma maldita frase tres veces —dijo Alba, soltando una risita cargada de veneno que avivó las llamas de la sospecha en la sala.
Tras ese comentario, las miradas de los especialistas y altos mandos pasaron de la expectativa a la duda, y todos empezaron a escudriñar a Valeria de pies a cabeza.
—Señorita Valeria, no tiene por qué ponerse tan nerviosa. Lo explicó de maravilla hace un momento, solo tiene que repetirnos los mismos detalles.
—Exacto, enfóquese en particular en la fase del crecimiento. Esa parte me quedó un poco en el aire, y también me gustaría que profundizara en...
Las voces de los expertos comenzaron a llover sobre ella. Todos querían que profundizara en la explicación, pues aunque los conceptos generales sonaban espectaculares, varios habían sentido que su exposición previa se asemejaba más a un castillo en el aire. Estaba llena de conceptos amplios y rimbombantes, pero carecía dolorosamente de los detalles cruciales y del paso a paso práctico necesario para ejecutar la fórmula.
El silencio de Valeria pesaba toneladas en la habitación. Esa presión invisible parecía aplastarle los pulmones. Alba la miraba con una expresión indescifrable, pero con unos ojos que brillaban como cuchillos afilados, atravesando sin esfuerzo la patética máscara que la impostora llevaba puesta.

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