Patricio estaba dispuesto a soportarlo en silencio, pero Valeria no pudo aguantarlo.
Había sido mimada y protegida por la familia Moreno durante años, ¿por qué tenía que quedarse callada?
Además, ¿por qué debía soportar los insultos de unas aparecidas, mujeres cuyo estatus y habilidades eran inferiores a los de ella?
—Hermana, deberías tener un poco de decencia. Papá, mamá y nuestros hermanos ya se enteraron de lo que hiciste hoy.
—Están furiosos. Como los tienes bloqueados, me pidieron que te dijera que están muy decepcionados de ti.
Como su prometido no la defendía y estaba siendo atacada por las amigas hipócritas de esa perra, Valeria se sentía llena de resentimiento.
Por supuesto que no iba a dejar que Alba se saliera con la suya. ¡Tenía que soltar algo que le doliera en el alma!
No creía que a esa mujer no le importara en absoluto que la familia Moreno le diera la espalda.
Seguramente, en ese momento, Alba estaba muerta de ansiedad por dentro y solo se hacía la fuerte.
Además, Valeria sabía que tenía respaldo, aunque sus padres y hermanos no estuvieran presentes.
Estaba convencida de que, al final, ¡le arrebataría todo a Alba!
Al verla guardar silencio, Valeria pensó que había dado en el clavo y que la había herido profundamente.
Con una sonrisa triunfante, no pudo evitar agregar:
—Hermana, en realidad yo no quería venir, pero temía que mi hermano...
¡Zas!
Antes de que Valeria pudiera terminar su frase, una bofetada repentina la dejó aturdida.
Tardó unos segundos en procesar lo que había pasado.
¡Alba le había pegado!
—¿Tú... tú te atreves a pegarme? —dijo, llevándose la mano a la mejilla, incapaz de creerlo.
Valeria estaba que echaba humo. Ser golpeada por esa desgraciada y perder la cara frente a Patricio era demasiado.
No es que no quisiera devolverle el golpe, pero aún le quedaba algo de sentido común.
Primero, sabía que no era rival para Alba en una pelea.
Esa mujer violenta había derribado a su hermano mayor, ¿cómo podría ella, una mujer delicada, enfrentarse a ella?
Segundo, Patricio estaba allí. No quería lanzarse como una fiera a pelearse con esa cualquiera y arruinar su imagen.
No iba a caer en la trampa de mostrarse como una mujer vulgar ante él.
Por otro lado, Patricio, que en realidad no quería meterse, temía que ella fuera de chismosa con su madre o que los hermanos Moreno vinieran a hacer un escándalo.
—Alba, si tienes algo que decir, dilo con calma. ¿Por qué le pegas de la nada? Si tienes algún problema, dímelo y yo lo solucionaré —intervino Patricio, solo para no quedar mal.
—Mi problema es que quise pegarle y le pegué, ¿y qué me vas a hacer tú?

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