¿Qué demostraba esa reacción?
¡Demostraba que a él todavía le importaba esa maldita!
Aunque Valeria se sintió bastante molesta, en el fondo pensó que era mejor que él fuera. De ese modo, vería con sus propios ojos la verdadera cara de Alba.
—¡Seguro es un malentendido! Albita siempre ha sido una mujer digna y disciplinada, ¡es imposible que se fije en esos gigolós de poca monta! —Patricio se negaba a creerlo. Estaba convencido de que ella no era ese tipo de mujer.
Tenía que ser un error.
Por eso, necesitaba ir en persona a aclarar las cosas.
—Patricio, ¿eres mi prometido o el de ella? —La actitud de él hizo que Valeria, incapaz de seguir fingiendo, reprimiera su furia y preguntara con el tono más suave posible.
Patricio ni siquiera quiso responderle.
Si no fuera por la voluntad de su madre, y si ellas no se hubieran confabulado para tenderle una trampa, jamás se habría atado a ella.
Fue directo a la sala privada donde estaba Alba. Sin molestarse en tocar, abrió la puerta de golpe y entró.
Era una de las salas más exclusivas y lujosas del local. Lo primero que vio fueron varios chicos jóvenes y atractivos.
Todos tenían una piel radiante, estaban vestidos con diferentes estilos y era evidente que se ganaban la vida con su aspecto físico.
Ninguno estaba de brazos cruzados: algunos cantaban, otros bailaban o hacían trucos de magia. En resumen, se desvivían por complacer a las mujeres.
—Alba Moreno, ¿de verdad viniste a pedir chicos de compañía? ¿Tanta necesidad tenías?
Una cosa era escucharlo y otra muy distinta verlo en vivo.
Al principio, había pensado que esto era solo un invento de Valeria para difamarla.
Pero ahora que la veía reunida con esos hombres, ¡Patricio sintió que la sangre le hervía!
Él se había resignado a que ella lo rechazara por Liam Góngora, ¿pero ahora salía con esto?
—Así es. Un don nadie que viene a hacerse el "macho alfa dominador", qué asco —añadió Tamara Saldaña. Al ver que se trataba de Patricio, el mismo hombre que había humillado a Alba en su fiesta de compromiso por culpa de otra mujer, no dudó en atacarlo.
Incluso notaron que Valeria venía detrás de él, lo que les sacó una sonrisa de burla.
—Tu prometida te está mirando desde atrás. Parece que se va a desmayar del coraje en cualquier segundo, mejor ve a cuidarla —dijo Tamara.
—Cierto, tu prometida es tan delicada. Puede caerse con el viento, o ponérsele los ojos rojos y empezar a lloriquear por nada.
—Cuidado y no se vaya llorando a buscar a sus hermanitos.
Ante las burlas despiadadas y los comentarios sarcásticos de ambas, Patricio se tragó su orgullo en silencio.
Después de todo, él había sido quien se equivocó al principio, traicionando a una mujer tan maravillosa como Alba.
Ahora, que las mejores amigas de ella lo odiaran y lo humillaran, era algo que se tenía bien merecido.

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