Al escuchar a su madre, Valeria se irguió orgullosa, sintiéndose la dueña del mundo.
Se plantó en primera fila frente a las cámaras y se ofreció con mucho entusiasmo:
—Conozco muy bien este lugar. Si gustan, puedo explicar un poco sobre cómo se cultivan y mejoran estas plantas.
—Así todos aprenderemos algo nuevo sobre botánica.
Luego, volteó hacia Alba con una sonrisa falsa y preguntó: —¿Te molesta si tomo la palabra, Alba?
Alba se sorprendió un poco, pero luego sonrió con ironía: —Para nada, el escenario es todo tuyo.
Si quería hacer el ridículo, ella no iba a detenerla.
A Valeria se le hizo un nudo en el estómago, algo no cuadraba.
Pero rápidamente se armó de valor.
Tenía a su madre de su lado; no había razón para tenerle miedo a Alba.
—¡Excelente iniciativa, Vale! Adelante. Si das una buena explicación, te llevarás cinco monedas de oro.
Esas monedas les permitirían acceder a lujos y comodidades durante las grabaciones.
—Perfecto —dijo Valeria, rebosante de seguridad, y comenzó su discurso mirando a la cámara.
—Lo primero que debemos entender es que el éxito de cualquier cosecha radica en la tierra. Además de eso...
—Es vital garantizar que la tierra esté rica en nutrientes, que drene bien y que tenga buena oxigenación.
—Dependiendo de la especie, el suelo ideal varía. Algunas crecen mejor en terrenos ácidos, otras prefieren la alcalinidad o un entorno neutro.
—Luego viene el proceso de selección. Si queremos plantas fuertes, necesitamos semillas de primera, certificadas, resistentes a las plagas y de rápido desarrollo.
Valeria se sintió atacada y, buscando recuperar su dignidad, respondió altanera:
—Con todo respeto, señor Góngora, se equivoca. Cualquier trabajo de campo empieza con una buena base teórica.
—Si gustan, puedo ponerlo en práctica mientras les sigo explicando.
Estaba muy segura de sí misma. Se había preparado a conciencia con su madre antes de ir al programa.
Mientras pudiera escuchar las instrucciones de su madre por el auricular, repetir las palabras y hacer un par de movimientos con las manos, nadie sospecharía.
—Ah, ¿sí? Pues muéstranos —la retó Liam sin darle tregua.
Nunca había sido de los que se metían en pleitos ajenos, y menos en asuntos de mujeres.
Pero esa tal Valeria se la pasaba buscando la forma de ensuciar a Alba a como diera lugar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada