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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 448

Alba y Rosalía compartirían cuarto, dejando a Liam en uno para él solo.

Se organizaron sin problemas.

Silvia, siempre callada y aparentemente ajena a todo, dejó escapar un destello sombrío en su mirada que desapareció en un instante.

Caminó con elegancia hacia su habitación.

Esa actitud misteriosa y reservada hizo que varios no le quitaran el ojo de encima.

Mientras tanto, Valeria se adueñó de un cuarto para ella sola y dejó que Pablo y Patricio se las arreglaran con el otro.

Pablo no estaba nada contento con el arreglo.

Toda la vida había dormido solo, y la idea de compartir una pocilga con otra persona le revolvía el estómago.

Pero como las cámaras estaban encendidas, tuvo que tragarse sus quejas.

¡Él también quería su propia habitación!

Pero tampoco podía obligar a Valeria a dormir con Patricio.

Aunque estuvieran comprometidos, si permitía que durmieran juntos en televisión, no solo los fans se los comerían vivos, sino que sus padres y sus otros dos hermanos lo matarían.

Patricio también detestaba la habitación, pero el hecho de no tener que dormir bajo el mismo techo que Valeria era un gran alivio.

Mateo Moreno, que veía todo desde su pantalla, soltó una carcajada burlona al ver a su tonto hermano en esa situación.

—¿De qué te ríes, Mateo? Pablo y Vale están pasando penurias en ese chiquero, ¿y a ti te da gracia?

Isaac, que estaba a su lado, sufría al ver a sus hermanos en esas condiciones.

¡Y su hermano mayor se atrevía a reírse!

—¿Y qué quieres que haga? Si tanta lástima te dan, ¿por qué no te ofreciste a ir en lugar de Pablo?

—Yo...

—Ahora te haces el sentido. ¿Ya se te olvidó cómo te hundió Valeria la última vez?

—Al menos debes estar agradecido de que no te tocó acompañarla esta vez, ¿o no? —remató Mateo.

—Siento que si me quedo a vivir aquí, voy a rejuvenecer diez años —dijo Rosalía, maravillada.

A Valeria no le hizo ninguna gracia su comentario e hizo una mueca.

Pensó que esa aficionada no sabía nada de plantas, su único talento era dar un par de gritos en un escenario.

La odiaba a muerte; si no fuera por ella y por Alba, nunca la habrían expuesto haciendo fonomímica.

Aprovechó para alejarse un poco y hablar en susurros con Clara Serrano.

—Ya estoy lista.

No le importaba en absoluto hacer trampa.

Para ella, hacer trampa sin que la descubrieran era todo un talento.

Al otro lado de la línea, Clara estaba atenta a cada movimiento de su hija.

—Tranquila, empezamos cuando quieras.

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