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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 451

—¿Cómo es posible? Lo que quería decir es que la necesidad de agua varía según la planta, algunas... algunas, eh... necesitan mantener la tierra húmeda, y también... —tartamudeó Valeria.

Las explicaciones de Valeria no tenían nada que ver con lo que había dicho antes.

Los presentes no eran estúpidos, incluso Patricio Quintana notó que algo andaba mal.

Él puso los ojos en blanco, deseando retirar ese pequeño atisbo de admiración que había sentido por ella momentos antes.

Luego, desvió la mirada hacia Alba Moreno, que estaba de pie no muy lejos.

Alba y Valeria eran como el día y la noche.

Patricio sentía un nudo en el estómago, arrepintiéndose profundamente de no haber valorado a Alba cuando tuvo la oportunidad.

¡Ya no soportaba a la estúpida de Valeria!

En cuanto terminara ese programa, cancelaría su compromiso con esa mujer a como diera lugar.

—Bueno, Vale, ya que no te sientes bien, mejor no sigas. Deja que Alba lo explique, ella también conoce del tema —intervino Pablo Moreno.

En ese momento, hasta Pablo, como su hermano, tuvo que buscarle una excusa para salvarla de la vergüenza.

¡Jamás imaginó que ella cometería el mismo error por segunda vez!

Hacía apenas unos minutos, él había declarado en voz alta frente a todos: «estoy orgulloso de ella» y «Vale tiene mucho talento».

¡Qué fácil había sido decirlo y qué duro era el golpe de realidad ahora!

Al ver esto, los seguidores en internet enloquecieron de nuevo.

*«Qué ridícula, seguro se topó con algo que no sabe explicar y empezó a fingir que se siente mal.»*

*«Si no sabe, que no aparente. ¿No puede quedarse calladita a un lado como la señorita Jiménez?»*

*«Miren, hasta su hermano se cansó y tuvo que inventarle una excusa barata.»*

En la mansión Moreno, Mateo, que estaba disfrutando del espectáculo, esbozó una sonrisa de satisfacción.

Su hermano Pablo había sido humillado por Valeria dos veces por el mismo error. ¿Qué estaría pensando ahora?

Si con eso aún no abría los ojos, ¡le darían ganas de arrancarle la cabeza!

—¿Qué está pasando? ¿Acaso Vale no estudió esta carrera? Lo estaba explicando muy bien, ¿por qué empezó a tartamudear de repente? —preguntó Sara Moreno.

Si sus hermanos menores eran así de ciegos, su propia madre tampoco se quedaba atrás.

¡Temía que la familia Moreno estuviera condenada a la ruina!

Solo esperaba que su padre, Eduardo, tuviera algo de sentido común.

...

Valeria jamás imaginó que Pablo diría algo así, cediéndole la palabra a Alba.

¡Eso era una bofetada directa a su orgullo!

De todas las personas a las que podía pedir ayuda, tenía que ser a Alba.

Cuanto más lo pensaba, más indignada se sentía. Llena de resentimiento, miró hacia Silvia Jiménez, que se había mantenido en silencio.

—Señorita Jiménez, usted también es experta en esto, ¿por qué no nos da una explicación? —dijo Valeria—.

—Estoy segura de que lo hará mucho mejor que cualquiera de nosotros, ¿verdad?

Lo dijo a propósito para humillar a Alba y quitarle cualquier oportunidad de lucirse.

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