Alba sonrió con ironía, preguntándose hasta cuándo seguiría Valeria haciendo el ridículo.
—Sí, claro —respondió Silvia Jiménez al ser mencionada.
En verdad, ella conocía muy bien el tema. Podía recitar sin esfuerzo todo lo que Valeria había intentado explicar antes.
Tras terminar con la teoría, se ofreció a demostrar los detalles importantes al plantar hierbas medicinales raras.
Tomó con delicadeza un pequeño brote, lo sostuvo entre sus dedos y mostró cómo hacer un agujero de la profundidad adecuada en la tierra.
Explicó que los brotes de plantas raras eran muy frágiles y requerían condiciones ideales de temperatura y humedad para prosperar.
Sus movimientos eran fluidos y naturales, revelando su profunda experiencia y creando un fuerte contraste con la torpeza anterior de Valeria.
Esto hizo que tanto los invitados como los espectadores elogiaran su conocimiento y su actitud humilde.
Valeria, al ver lo bien que lo hacía, supo de inmediato que todos las estaban comparando.
Si ella la estaba pasando mal, no dejaría que los demás disfrutaran.
¡Especialmente Alba!
Un brillo oscuro y calculador atravesó sus ojos, perfectamente maquillados.
Como si fuera un comentario casual, dejó caer la bomba:
—Señorita Jiménez, es usted bella e inteligente. Digna de ser la prometida del señor Góngora.
¡Esa breve frase contenía tanta información que dejó a todos los presentes atónitos!
Todos captaron un solo detalle: ¿Silvia era la prometida de Liam Góngora?
—Me halaga demasiado —respondió Silvia, con tono neutro.
Su respuesta fue indiferente, pero no desmintió las palabras de Valeria.
¿Eso significaba que Silvia era realmente la prometida de Liam?
En ese instante, Alba miró a Liam, que estaba a su lado. Al ver que apretaba los labios y fruncía el ceño en silencio, supo que aquello no era mentira.

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