¡Pero pensándolo bien! En todas esas situaciones, era Valeria quien iniciaba el contacto, y lo seguía haciendo hasta el día de hoy.
Tal como había dicho su hijo mayor, el problema fue que ella no impuso límites, y a Valeria le encantaba estar pegada a ellos a propósito.
Su propia hija, Alba, también era hermana de ellos, pero jamás se comportó así.
Cuando Alba era pequeña, tenía una relación maravillosa con sus hermanos, jugaban y se abrazaban, pero eso fue cuando apenas tenía unos años de edad.
A medida que creció y entró a la primaria, seguían llevándose excelente, pero el trato ya no era tan físico como en la infancia.
Y cuando Alba regresó a casa tras su larga ausencia, ya era una mujer adulta e independiente.
Cuando recién volvió, seguía tratando a sus hermanos con la misma calidez de siempre.
Sin embargo, mantenía una línea clara de respeto. No era por rechazo hacia ellos, sino porque sabía que debían guardar cierta distancia por decoro.
A pesar de ser familiares de sangre.
Y en cuanto a por qué la relación con sus hermanos —e incluso con ella, su propia madre— se había deteriorado tanto últimamente... fue por...
¡Era aterrador solo de pensarlo!
Entre más lo analizaba, más confundida se sentía, ¡y más miedo le daba seguir sacando conclusiones!
Sentía pavor. Temía que sus sospechas fueran ciertas, porque de ser así, no sabía cómo iba a reaccionar.
Como de costumbre, quiso llamarle a su esposo para consultarlo.
Pero apenas desbloqueó la pantalla del teléfono, vio que el chat grupal tenía más de cien mensajes nuevos.
*«Señora Moreno, ¿son ciertos los rumores de internet? ¿Qué está pasando con su hija adoptiva y sus hijos varones?»*
*«Ay, Sarita, tienes que ponerle correa a esa muchacha adoptada, ¡o te va a destruir la familia!»*
*«Vaya, señora Moreno, yo creía que educaba muy bien a los suyos, jamás esperé semejante escándalo.»*
*«¿El director Moreno ya lo sabe? Seguro que se va a desquitar con usted, ¿verdad?»*
*«Ay, por favor, ¿cómo le va a gritar a su esposa? Si ellos son la pareja ideal, el matrimonio modelo de nuestra sociedad.»*
Sara miró por encima los mensajes, ¡y todos hablaban de la desgracia de los Moreno!
*«Cariño, ¿has visto todo lo que están diciendo de Vale?»*
*«¿Qué crees que deberíamos hacer? ¿Cómo lo solucionamos?»*
Sara tenía la costumbre de depender de Eduardo cada vez que surgía un problema.
Él siempre le contestaba con paciencia y le daba excelentes consejos.
Pero esta vez, los mensajes se quedaron sin respuesta durante un largo rato, y cuando por fin contestó, fue para reprenderla.
*«Ya lo vi. Estoy tratando de calmar a mamá y explicándole la situación.»*
*«Tú siempre has estado a cargo de los niños. Eres incapaz de controlarlos y, ¿todavía tienes el descaro de preguntarme qué hacer?»*
Al leer esos mensajes, la furia se apoderó de Sara.
Ella solo buscaba consuelo y terminaron hundiéndola más en su miseria.
Lo que no sabía, era que, no muy lejos, alguien estaba vigilando cada uno de sus movimientos en secreto.

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