La persona que estaba parada cerca de Sara era nada menos que Valentina Navarro.
No había sido una casualidad encontrarse allí con ella; había ido a buscarla a propósito.
Sin embargo, no demostró sus verdaderas intenciones. Fingiendo no haberla notado, caminó despreocupada en su dirección.
—Ay, Valentina, qué coincidencia. ¿Qué haces por aquí? —dijo Sara al levantar la vista y verla pasar.
Al tener la vista aguda, reconoció a Valentina de inmediato y la llamó.
—¡Ah! Qué casualidad, señora Moreno. Quedé en verme con unas amigas aquí. ¿Vino sola? —respondió Valentina, actuando con suma naturalidad y cortesía.
Fingió sorprenderse al verla y le contestó de manera muy educada.
—Sí, como no tenía nada que hacer, vine a comer un postre. ¿Ya llegaron tus amigas? ¿Por qué no te sientas un rato a charlar conmigo?
Sara justamente había estado considerando llamarla para preguntarle unas cosas, así que no pensaba desaprovechar esa oportunidad perfecta.
—Eh... —Valentina dudó, fingiendo que no sabía si sentarse o no, y Sara se apresuró a insistir:
—Solo acompáñame un ratito, ¿sí? No te quitaré mucho tiempo, de todos modos tengo que irme pronto a jugar a las cartas con unas amigas.
Quería que se quedara, pero su orgullo le impidió rogarle, así que se inventó la excusa de que ella misma se iría pronto.
—Está bien —aceptó Valentina. Soltó un suspiro, retiró la silla con suavidad y se sentó elegantemente.
Cuando la vio sentada, Sara no quiso perder tiempo en formalidades. Yendo directo al grano, le preguntó:
—Valentina, me imagino que ya te habrás enterado de lo que andan diciendo en internet estos días, ¿verdad?
No creía que Valentina no estuviera enterada. Era obvio que, al tener buena educación, había preferido no mencionar el tema.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada