En los juegos no le llegaba a los talones, en los retos siempre perdía contra ella, y en cuanto a habilidades y conocimientos médicos, Alba la dejaba en ridículo.
Gracias a eso, el equipo de Alba había conseguido las mejores habitaciones y pasaban los días comiendo y durmiendo de maravilla.
Silvia Jiménez, aunque estaba sola en su equipo, había demostrado una habilidad sorprendente y también mejoró sus condiciones de vida y comida en el show.
El peor equipo era el de Valeria. No solo se la pasaban discutiendo y a punto de pelearse, sino que además habían fallado estrepitosamente en su misión.
Valeria ardía de rabia y frustración. ¡No podía entender por qué siempre terminaba perdiendo contra Alba!
Menos mal que Silvia, la prometida, estaba ahí. Eso le daba la excusa perfecta para burlarse de esa maldita.
De lo contrario, la impotencia ya la habría asfixiado.
—Pablo, Patricio... la próxima vez tenemos que ganar, sí o sí —se quejó Valeria.
En menos de dos días, el programa llegaría a su fin.
Ya habían hecho toda la promoción necesaria, habían conseguido el rating deseado y el show era un éxito rotundo.
Pero Valeria sentía que no había logrado nada de lo que realmente quería.
Por eso, esperaba que los dos hombres de su equipo se esforzaran de verdad.
—Ja, qué fácil es decirlo. Si eres tan buena, hazlo tú —se burló Patricio Quintana con desdén.
Esa mujer solo servía para abrir la boca. A la hora de la verdad, solo era un estorbo. Ni cien expertos podrían compensar su torpeza.
Debería tener más confianza en sí misma: con su sola presencia bastaba para hundir el rendimiento de un equipo entero sin siquiera intentarlo.
Era un talento innato, sin duda.
—¡Patricio! —lo interrumpió Valeria, ofendida.
Luego, miró a su hermano con ojos llorosos, haciéndose la víctima.
¿Acaso a ese idiota se le había olvidado que los estaban grabando?
¡¿Cómo se atrevía a dejarla en evidencia así?!
Además, si ella fuera tan increíble, ¿para qué lo necesitaría a él?
Pablo y Patricio, que apenas habían tenido unos minutos de respiro, maldijeron en silencio.
Se juraron a sí mismos que, si sobrevivían a esto, jamás volverían a participar en un estúpido reality show.
¿Acaso no era mejor quedarse en casa, cómodos y relajados?
Arrastrando los pies, se unieron al resto del grupo en el punto de encuentro.
—Para nuestra siguiente actividad, la producción ha preparado un lugar para que puedan relajarse. Es nuestra forma de agradecerles por todo el esfuerzo de estos días —anunció el presentador con una gran sonrisa.
Quería darles un respiro y un poco de libertad antes de que el programa llegara a su fin.
Al escuchar que no habría más misiones agotadoras ni competencias, el equipo de Valeria soltó un suspiro de alivio.
Si iban a divertirse, por supuesto que estaban encantados.
Pablo no pudo contener la curiosidad y preguntó:
—Disculpa, ¿a dónde vamos exactamente?

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