Bajo ninguna circunstancia permitiría que ese compromiso se cancelara tan fácilmente.
—Se cancela porque se cancela, te guste o no.
Liam Góngora no era como Patricio Quintana; él no le temía a nadie, ni siquiera a su propia abuela.
Si no deseaba a una mujer y no quería ese matrimonio, ni el mismo diablo podría obligarlo a aceptarlo.
—¡Tú...! —La anciana sintió que se le oscurecía la vista por la rabia.
—Liam, ¿qué te pasa? Casi nunca vienes a la casa y cuando lo haces, ¿es para matar a tu abuela de un disgusto?
El hombre que acababa de hablar era Gregorio Góngora, quien llevaba bastante tiempo sin dejarse ver.
Justo hoy había regresado a la mansión y, al encontrarse con semejante escena, no iba a desaprovechar la oportunidad de reprender a su sobrino.
Desde la misteriosa desaparición de su hermano mayor, al que todos daban por muerto, Gregorio creyó que por fin había llegado su momento de brillar.
Pero jamás imaginó que el hijo de su hermano terminaría pasándole por encima.
¡La frustración y el resentimiento lo consumían por dentro!
—Este no es tu problema, así que no te metas donde no te llaman.
Era evidente que Liam no sentía el más mínimo respeto por él.
—¡¿Cómo te atreves a hablarle así a un mayor?! —bramó Gregorio, furioso por la humillación.
Ese sobrino suyo era igual de arrogante que su padre.
Ambos creían que por ser más inteligentes o hábiles que el resto, eran intocables y superiores.
¡Si lo sacaran del Grupo Góngora, no sería absolutamente nadie!
—Ya basta, Gregorio, déjalo en paz. De por sí Liam no está de buen humor y tú solo vienes a empeorar las cosas.
Como era de esperarse, Doña Matilde siempre favorecía a su nieto más exitoso.
En esa familia, quien demostraba mayor capacidad era quien tenía la última palabra, y por lo tanto, el favoritismo.
Gregorio lo sabía perfectamente, así que prefirió tragarse el coraje.
Y tal como esperaba, el ceño de Doña Matilde se frunció de inmediato.
—Liam... ¿la mujer de la que hablas es una Moreno?
—¡No! ¡Me niego! ¡Me niego rotundamente!
Doña Matilde miró a Liam con severidad y sentenció:
—Hijo, los Góngora llevamos siglos siendo una de las familias más prestigiosas. No podemos rebajarnos a mezclarnos con los Moreno en su estado actual.
—Están llenos de conflictos internos y solo traen problemas. Si te unes a ellos, nuestra familia terminará arrastrada por su lodo.
Gregorio, a su lado, asentía con rapidez: —Exactamente. Liam, siempre has sido muy astuto, ¿cómo puedes estar tan ciego en este tema?
—La familia Jiménez es perfecta. Silvia es amable, hermosa y una señorita perfecta. Su reputación es impecable. Ella sí es del mismo nivel social que nosotros.
—Así es. Solo Silvia es digna de ser mi nieta política.
Doña Matilde había dado su veredicto.

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