—Hermano, ¿Alba sigue sin hablarte?
Preguntó Luciano Vega, sentado frente a él con una sonrisa curiosa.
—¿Desde cuándo tienes derecho a llamarla Alba?
—Ejem, ¿la señorita Moreno sigue enojada? —corrigió Luciano de inmediato.
Tsk, qué hombre tan posesivo.
—Sí, está enojada.
—Es por lo de tu prometida, ¿verdad? Te lo dije, debiste decírselo antes.
—Hacer que se entere de golpe en medio de un programa es súper incómodo. Casi la haces quedar como la amante sin que ella lo supiera. Es normal que esté furiosa.
—Yo tampoco pensé que las cosas saldrían así —admitió Liam con un tono de melancolía y frustración.
Ese estúpido compromiso fue obra de su abuela, a quien le encantaba meterse en lo que no le importaba. Lo arregló a espaldas de él y de su madre, sin el consentimiento de ninguno de los dos.
Ni él ni su madre reconocían ese acuerdo.
Pero la anciana era una mujer imponente y se salió con la suya.
Como a Liam no le importaba, simplemente lo ignoró durante todo este tiempo.
Para él, era un asunto insignificante.
Jamás imaginó que ambas mujeres terminarían cruzándose en un programa de televisión.
—Y ahora que todo se fue al diablo, te estás arrepintiendo, ¿no?
Luciano le dio unas palmadas en el hombro a su amigo. —Es hora de que el maestro del romance te dé un par de lecciones, ¿qué dices?
Como hombre con vasta experiencia y un sinfín de romances en su historial, sentía que podía salvar a su pobre amigo.
—¿Tienes alguna buena idea? —Liam lo miró, dudando de sus palabras.
Era cierto que Luciano tenía mucha más experiencia que él en el tema amoroso, así que escuchar sus consejos no le haría daño.
—La clave es la insistencia. Tienes que convencerla de salir a tomar algo, como sea.
—Y cuando se le suban los tragos, la llevas a tu casa. Luego de que pase, ya sabes, lo tuyo y lo de ella, una cosa lleva a la otra y terminará comiendo de tu mano.
—Hazle caso a este experto, las mujeres nunca olvidan a su primer hombre, jajaja.
Liam lo miró con total frialdad y pronunció una sola palabra:
—Lárgate.
—¡Si no quieres alianzas, entonces encuéntrate a una buena mujer y cásate de una vez!
—Me parece perfecto. Cancela el compromiso y te traeré a tu nueva nieta política enseguida.
Esta vez, Liam aceptó sin dudarlo ni un segundo.
La anciana lo miró atónita.
¿Acaso su nieto ya había encontrado a la mujer que amaba?
¡Pues no importaba! ¡Eso no podía ser!
¡Para ella, la única opción era Silvia Jiménez!
No solo por la influencia y el prestigio de su familia, sino porque Silvia era una mujer excepcional, educada y brillante.
Solo alguien como ella era digna de su amado nieto y capaz de ser la matriarca de la familia Góngora.
Cualquier otra aparecida jamás podría compararse con ella.
—No. Pase lo que pase, ese compromiso no se cancela. Estoy segura de que cuando tu madre regrese y se entere, también aprobará mi elección.
Doña Matilde se mantuvo firme. Le había costado mucho encontrarle a una mujer tan perfecta.

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