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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 492

—Jajaja, no te diré más. Entra a internet, lee la sección de comentarios y lo sabrás.

Tras decir eso, tuvo el descaro de colgarle directamente.

Como si, de no colgar, Alba no se atreviera a entrar a internet a mirar.

Alba: *«…»*

—Pero ¿qué le pasa? Actúa como si estuviéramos en una telenovela.

Alba murmuró eso, pero al final no pudo evitar entrar a internet para echar un vistazo.

Tal como sospechaba, en la sección de comentarios no se hablaba de otra cosa que no fuera de ella.

[¡Ahhh! ¿Creen que la persona que le gusta al señor Góngora sea nuestra Albita?]

[¡Seguro que es Albita! ¡La forma en que ese hombre la mira normalmente, es de un enamoramiento total!]

[Eso de los matrimonios arreglados da asco. ¿En qué época creen que viven para seguir haciendo eso? El amor libre es mil veces mejor.]

[¡Confío en que el magnate Góngora no se dejará atar por ese supuesto compromiso y logrará conquistar a nuestra Alba!]

Al leer esos comentarios, Alba se llevó una mano a la frente.

¿Cómo era que, de la noche a la mañana, la historia había dado semejante giro?

¿Se habrían obsesionado tanto con la serie en la que trabajaron juntos que ya no podían separar la ficción de la realidad?

Ella y Liam no tenían nada; solo eran socios y buenos amigos.

Pero, con todos esos rumores circulando, hasta la propia Alba empezaba a verse afectada.

—¿Que la persona que le gusta a Liam soy yo? Eso es muy poco probable, ¿verdad?

Mientras Alba murmuraba para sí misma, el teléfono volvió a sonar.

Era Liam.

Hablando del rey de Roma, apenas lo mencionaba y él llamaba.

Alba dudó un momento sobre si contestar o no, pero, como si una fuerza invisible la guiara, terminó deslizando el dedo por la pantalla para aceptar la llamada.

—Tiene todo que ver. Al fin y al cabo, ya le anuncié al mundo que tengo a alguien que me gusta, y esa persona obviamente es...

—¡Eh, eh, detente ahí! No me interesa saber quién te gusta. ¡Y deja de interrumpir mi sueño!

Por primera vez, Alba decidió esconder la cabeza como un avestruz. No solo lo interrumpió en la parte más importante, sino que también, de la manera más cobarde, le colgó.

En ese momento, su mente era un torbellino.

Estaba adormilada y de mal humor por haber sido despertada.

Tras ser sacudida por la llamada de Tamara, de pronto tuvo que procesar una enorme cantidad de información, y toda ella giraba en torno a ese hombre.

De verdad, no sabía cómo reaccionar.

Si la persona a la que decía querer resultaba ser otra, no sabría qué decirle.

Y si le decía que esa persona era ella, entraría en pánico absoluto y aún menos sabría qué responder.

Así que, optó por hacer la del avestruz y simplemente cortó la llamada.

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