—Jajaja, no te diré más. Entra a internet, lee la sección de comentarios y lo sabrás.
Tras decir eso, tuvo el descaro de colgarle directamente.
Como si, de no colgar, Alba no se atreviera a entrar a internet a mirar.
Alba: *«…»*
—Pero ¿qué le pasa? Actúa como si estuviéramos en una telenovela.
Alba murmuró eso, pero al final no pudo evitar entrar a internet para echar un vistazo.
Tal como sospechaba, en la sección de comentarios no se hablaba de otra cosa que no fuera de ella.
[¡Ahhh! ¿Creen que la persona que le gusta al señor Góngora sea nuestra Albita?]
[¡Seguro que es Albita! ¡La forma en que ese hombre la mira normalmente, es de un enamoramiento total!]
[Eso de los matrimonios arreglados da asco. ¿En qué época creen que viven para seguir haciendo eso? El amor libre es mil veces mejor.]
[¡Confío en que el magnate Góngora no se dejará atar por ese supuesto compromiso y logrará conquistar a nuestra Alba!]
Al leer esos comentarios, Alba se llevó una mano a la frente.
¿Cómo era que, de la noche a la mañana, la historia había dado semejante giro?
¿Se habrían obsesionado tanto con la serie en la que trabajaron juntos que ya no podían separar la ficción de la realidad?
Ella y Liam no tenían nada; solo eran socios y buenos amigos.
Pero, con todos esos rumores circulando, hasta la propia Alba empezaba a verse afectada.
—¿Que la persona que le gusta a Liam soy yo? Eso es muy poco probable, ¿verdad?
Mientras Alba murmuraba para sí misma, el teléfono volvió a sonar.
Era Liam.
Hablando del rey de Roma, apenas lo mencionaba y él llamaba.
Alba dudó un momento sobre si contestar o no, pero, como si una fuerza invisible la guiara, terminó deslizando el dedo por la pantalla para aceptar la llamada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada