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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 493

Liam vio cómo le colgaban la llamada y se quedó mirando el teléfono, suspirando con impotencia.

Esa chiquilla no le temía a nada; siempre manejaba cualquier situación con total soltura.

¿Por qué, cuando se trataba de sentimientos, solo sabía huir? ¿Por qué su instinto era siempre escapar?

Liam sabía en el fondo que Alba no era indiferente hacia él, pero ella estaba acostumbrada a ser fuerte y autosuficiente.

Ante algo tan impredecible como el amor, perdía los estribos.

Decidió darle un poco de tiempo para que pudiera ordenar sus pensamientos.

Ay, qué dolor de cabeza.

En estos tiempos, ser guapo y tener dinero no garantizaba poder conseguir esposa.

Resultaba ser una triste realidad.

Justo en ese instante, su celular volvió a sonar con urgencia.

No necesitaba mirar la pantalla para saber que era su abuela.

Al fin y al cabo, había cancelado unilateralmente el compromiso en internet sin molestarse en avisarle.

¡Seguro que en la mansión principal de los Góngora todo era un caos!

Sin una pizca de miedo, Liam contestó. Y tal como lo esperaba, la voz de su abuela, Doña Matilde, estalló como un trueno al otro lado:

—¡Liam! ¿Qué te pasa? ¿Cómo se te ocurre cancelar el compromiso por internet? ¡¿Acaso ya no me tienes el más mínimo respeto como tu abuela?!

—Ya lo dije en la casa la última vez. No me organicen compromisos inútiles. La familia Góngora no necesita alianzas matrimoniales, y yo no necesito a una mujer para mantener mi estatus.

—¡Sé que no lo necesitas, pero Silvia es una excelente chica! ¡Una oportunidad así no se da dos veces!

—Dices que ya tienes a alguien que te gusta... ¿Quién es? ¡¿De verdad es esa Alba Moreno?! ¡Me opongo totalmente!

—Si no hay nada más que decir, voy a colgar.

Liam no le daba importancia a su opinión. Cualquiera que menospreciara a Alba se estaría ganando su enemistad.

Como de todas formas terminarían siendo familia en el futuro, a Doña Matilde le parecía lo más natural del mundo que su nuera velara por ella.

El único problema era que su nuera siempre estaba tan ocupada que apenas la veían, y era casi imposible hablar con ella.

Desde que su hijo mayor desapareció misteriosamente y no tuvieron más remedio que declararlo muerto, esa mujer se había vuelto un fantasma en la familia.

Si no fuera porque habían comprobado que realmente pasaba todo su tiempo en el instituto, Doña Matilde habría llegado a pensar que se había escapado con otro hombre.

¡No tenía ni un mínimo sentido de responsabilidad familiar!

Había abandonado a su hijo en casa desde pequeño para que se criara solo. Por suerte, su nieto había sabido salir adelante, o de lo contrario, habría sido un fracaso.

Pensando en la magnitud del imperio Góngora y en la falta de herederos, la anciana se sentía ansiosa.

—El cargo que ocupa la señora Mendoza en el instituto es muchísimo más alto que el mío. Rara vez me la cruzo.

Las palabras modestas y discretas de Silvia solo lograron que la señora le tomara aún más cariño. Con una sonrisa, respondió:

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