Por su parte, Gregorio Góngora no había regresado a la mansión principal, no por falta de ganas, sino porque un problema lo había retenido.
Y era un problema muy grave.
Hacía apenas unos instantes, un escándalo monumental había salpicado al Grupo Góngora.
Uno de los proyectos inmobiliarios del grupo había sufrido un derrumbe parcial, incluso antes de que saliera oficialmente a la venta.
Uno de los obreros de la construcción había caído y ahora estaba en estado vegetativo, pendiendo de un hilo entre la vida y la muerte.
Para empeorar las cosas, la familia del trabajador era un avispero. Habían movilizado a todo su barrio, presentándose todos los días a armar un escándalo y exigiendo una indemnización estratosférica entre lágrimas.
Resultaba que los familiares conocían ciertos secretos oscuros sobre la obra, por lo que usaban esa información para chantajear y reclamar sumas de dinero absurdamente altas.
Amenazaban con filtrar a la prensa los sobornos entre los directivos y los políticos, desvíos de fondos y el uso de materiales de pésima calidad.
La situación escalaba rápidamente; el tema ya estaba ganando tracción en redes sociales y la opinión pública empezaba a especular.
Y, curiosamente, ese mismo proyecto era el que Gregorio le había arrebatado a Liam con uñas y dientes poco tiempo atrás.
—Tío Gregorio, recuerdo muy bien lo desesperado que estabas por que te entregara este proyecto. Confié en tus capacidades, pero no llevas ni un mes a cargo y ya es un desastre.
—Dime, ¿cómo procedemos? Porque te aseguro que yo me he quedado sin ideas.
Sentado en la cabecera de la sala de juntas, Liam lo miraba con una superioridad gélida, abriendo los brazos en un gesto que dejaba claro que no pensaba mover un dedo.
—Un accidente de este tipo está fuera de mi control. Si esa panda de ignorantes decide armar un circo allá afuera, no hay mucho que yo pueda hacer —se defendió Gregorio.
A Gregorio jamás se le cruzó por la mente que algo así estallaría tan pronto.
Recién había engrasado las manos de los contactos gubernamentales pertinentes, cerrando acuerdos jugosos y estableciendo alianzas corruptas.
Apenas estaba empezando a saborear las ganancias ilícitas cuando le explotó esta bomba en las manos.
—El proyecto está a tu nombre, así que te encargas de limpiar este desorden. Si no puedes, tendrás que renunciar a la dirección del proyecto —sentenció Liam.

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