Gregorio pensaba que, aunque la hija de Clara no era precisamente brillante, al menos era obediente y colaboraba.
Todo lo contrario a su rebelde hijo, que no solo se conformaba con llevar una vida de excesos y placeres, sino que además era sordo a cualquier consejo.
Y si ya era el colmo que no lo apoyara en nada, lo peor era que se había convertido en el perrito faldero de Liam Góngora, dejándose pisotear por él a su antojo.
La esposa que él había elegido, aunque le gustaba el chisme y las intrigas, no tenía el nivel suficiente y jamás podría ganarle a Susana.
*¡Solo de pensarlo me hierve la sangre!*
—Yo no estoy mucho mejor que tú —dijo Clara con el rostro ensombrecido—. Antes todo fluía a mi favor, pero desde que Alba Moreno regresó, ¡no ha hecho más que traerle mala suerte a Valeria!
Hablar de esa mocosa le revolvía el estómago.
En el pasado, ella había movido sus hilos con maestría para expulsar a Alba de la familia Moreno durante años.
Y aunque al final había logrado regresar, su lugar ya había sido completamente ocupado por su hija Valeria.
Tanto Sara como los hermanos siempre habían tratado a Valeria con más cariño que a la verdadera hija de la familia.
Pero quién sabe qué demonios se le había metido en la cabeza.
Desde que canceló su compromiso con Patricio Quintana y se fue de la casa, Alba parecía haber renacido de sus cenizas.
¡Era como si le hubieran cambiado el alma, parecía otra persona por completo!
Y justo después de eso, la buena suerte de su dulce Valeria pareció esfumarse. No daba pie con bola.
Para colmo, Alba se había vuelto escurridiza y peligrosa. Clara había intentado darle una lección varias veces, pero la joven siempre lograba esquivar el golpe y contraatacar con fiereza.
Ahora que su hija había perdido terreno en la familia, sus planes de absorber al Grupo Moreno se complicaban aún más.
Sus aliados ya se habían infiltrado en la empresa, pero desde que Alba entró a trabajar allí, empezó a arrancar a sus espías de raíz.
¡Si no fuera por un par de contactos clave que aún resistían, todo su esfuerzo se habría ido a la basura!
—Tenemos que darles una lección, o se volverán cada vez más arrogantes —gruñó Gregorio.
—Es fácil decirlo —replicó Clara—. Los intentos anteriores fracasaron. Ahora están prevenidos y ni siquiera podemos acercarnos a ellos.

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