—Eres mayor que yo, ¿no es normal que te llame así? ¡Yo no hice nada malo!
Bárbara se hizo la ofendida al instante y miró con ojos lastimeros a su prima Silvia.
—Tu único error es abrir la boca. Si te quedas callada y finges ser muda, no cometerás ningún error.
Liam no tuvo piedad alguna y la cortó de tajo.
Podían decir que era un patán o que no tenía corazón, si querían.
Pero comparado con dejar que Alba malinterpretara las cosas, eso no era nada.
La última vez con lo de la prometida, sintió que Alba sí se había enfadado.
Estuvo días sin hablarle.
Le costó muchísimo trabajo contentarla, y solo después de aclarar lo del compromiso sintió que las cosas entre ellos mejoraban.
Y ahora llegaba otra trepadora a colgarse de él, ¿acaso creían que era tonto?
Hasta Silvia se sorprendió un poco ante la dura respuesta de Liam.
Antes, cuando Bárbara lo llamaba así, a él también le fastidiaba y le caía mal.
Pero casi siempre la ignoraba y pasaba de largo.
Que ahora reaccionara con tanta violencia y la humillara tan directamente era nuevo.
¿Acaso era por Alba Moreno?
Al pensar que esa era la razón más probable, Silvia sintió una punzada de dolor.
—Bárbara, no seas necia. Si a Liam no le gusta que lo llames así, llámalo por su nombre y punto.
Aunque por dentro le dolía, Silvia no dejó que se notara en lo más mínimo.
—Usted debe de ser la señorita Jiménez, ¿verdad? ¡Cuánto tiempo sin verla! Nos conocimos en una fiesta en el extranjero hace un tiempo, ¿me recuerda?
Al ver a Silvia, Clara se puso más contenta que si hubiera visto a su propia hija.
Con una enorme sonrisa, dio un paso adelante, incapaz de contenerse, e interrumpió la conversación.
Al oírla, Silvia la examinó con detenimiento antes de responderle con cortesía:
No quería que Alba volviera a dudar de él.
De no ser así, habría dado media vuelta y se habría ido, en lugar de rebajarse a responderle.
Lástima que a Alba no le importaran mucho sus palabras, ya que toda su atención estaba enfocada en esas dos mujeres.
*Qué raro.*
Esa mujer, Clara, le estaba prestando demasiada atención a Silvia.
Cualquiera con un par de ojos podía ver que su entusiasmo hacia Silvia no era solo de dientes para afuera.
Realmente parecía desesperada por hacerse su amiga.
Esto intrigaba aún más a Alba. ¿Qué tenía de especial Silvia?
Para ser exactos, ¿qué beneficio podía sacar Clara de todo eso?
Una mujer tan calculadora y oportunista como ella no mostraría tanto interés solo por simpatía o afinidad.
Alba empezó a sospechar que la presencia de Clara no solo se debía a que ya no le importaba que descubrieran su vínculo con Valeria.

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