—Sé que no trama nada bueno, pero si no voy esta vez, encontrarán otra excusa. Así que iré.
Alba sabía que su abuela la quería mucho y no deseaba que la molestaran.
Pero conocía a esas personas; si no se presentaba, acosarían a la anciana y a su tía todos los días.
Así que, ¿por qué no ir y enfrentarlos de una vez?
Al día siguiente.
Alba llegó puntual a la mansión principal de la familia Moreno, comportándose de manera impecable.
Tal como lo esperaba, al llegar no solo encontró a su abuela y a su tía.
—Albita, qué bueno que llegaste, ven a sentarte aquí.
La abuela Beatriz, que estaba platicando con Sara, dejó de lado la conversación en cuanto vio entrar a su nieta favorita.
La llamó con entusiasmo y le hizo un espacio a su lado.
Alba se acercó y se sentó obedientemente.
—Qué falta de puntualidad. Haciendo que todos esperemos por ti para comer. Ya estás bastante grandecita como para no tener consideración por tus mayores.
Apenas se sentó y antes de poder cruzar un par de palabras con su abuela, escuchó a Sara intentar reprenderla desde su posición de autoridad.
—Llegas y ni siquiera saludas. Deberías aprender a ser más amable, o la gente pensará que no tienes modales ni educación.
Sara miró a su hija frunciendo el ceño.
Esta niña simplemente no era tan dulce y obediente como Valeria.
De pequeña era tan tierna y educada... ¿qué le había pasado al crecer?
¿Sería que esos años que estuvo fuera de casa se juntó con malas compañías y se echó a perder?
Sara sintió una presión en el pecho; prefería no recordar esa época.

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