—Sí, si Valeria no lo quiere, tampoco la obligaré. Solo lamento que doña Susana haya gastado dinero en vano —Isaac, influenciado por Valeria, no pudo evitar hacer un comentario sarcástico.
—No pasa nada, lo hago con gusto. Gaste lo que gaste, no me parece mucho. En la familia Góngora nos sobra el dinero —Susana Mendoza ni siquiera se inmutó por sus comentarios venenosos.
Valeria e Isaac se quedaron sin palabras.
Por el contrario, la respuesta de Susana fue tan audaz y arrogante que los dejó a ambos mudos de rabia.
Era cierto, a la gente con dinero no le importaba ni sentía que hubiera gastado una fortuna.
Pero ¿por qué les daba tanta rabia escucharla? ¡Tenían unas ganas inmensas de darle una bofetada!
Por supuesto, eso era solo un pensamiento; Isaac jamás se atrevería a levantarle la mano.
—Además, este juego de joyas tiene un significado muy especial. Por la conmovedora historia que tiene detrás, tenía que comprarlo para Alba sí o sí. Oh, no, en realidad fue Liam quien me pidió que lo comprara para regalárselo a Alba, jejeje.
Apenas Susana terminó de hablar, Alba Moreno soltó un ligero murmullo de confusión.
Ella pensaba que doña Susana había pujado por las joyas porque le gustaban, ¿cómo era que ahora resultaban ser un regalo para ella?
En ese momento, antes de que alguien pudiera reaccionar, vieron acercarse una figura alta y elegante, como si caminara sobre un halo de luz plateada.
Alba enfocó la mirada y se dio cuenta de que ¡era Liam Góngora!
Llevaba en sus manos las mismas joyas que acababan de ser subastadas por un precio exorbitante y caminaba directamente hacia ella.
Él mismo le entregó el hermoso estuche frente a todos. Su voz sonó profunda, con un magnetismo cautivador y un ligero toque de nerviosismo:
—Me dijeron que la diseñadora de estas joyas las creó junto a su esposo, y que el diseño representa avanzar juntos y caminar de la mano hacia el futuro. Alba, espero que puedas aceptarlas y darme la oportunidad de estar a tu lado, caminando juntos hacia nuestro futuro.
Liam sabía que ella no era una mujer común. No quería ser el trofeo de nadie ni depender de nadie.
Y él era exactamente el hombre capaz de caminar a su lado, de comprenderla, apoyarla y amarla única y exclusivamente a ella.


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