—Pero no te preocupes, me esforzaré al máximo en dirigir la agencia de entretenimiento del Grupo Moreno. Cuando gane más, te compraré una mansión enorme.
Isaac estaba convencido de que, si le ponía ganas, ganaría muchísimo dinero.
Especialmente ahora que Mateo se había desentendido por completo de esa división y él era el jefe absoluto.
Además, las ganancias y pérdidas de la empresa recaían directamente bajo su responsabilidad.
Por lo tanto, Isaac creía ingenuamente que todo lo que ganara iría directo a su bolsillo, así que el dinero no sería un problema.
Desde niño había vivido rodeado de lujos y jamás había experimentado la falta de dinero.
Quería demostrarle a Valeria que seguía siendo un hombre capaz y confiable.
Los sueños de Isaac eran color de rosa, pero a Valeria no le importaban en lo absoluto.
Sobre todo, después de escuchar que ya no le quedaba nada de valor para darle, el desprecio que sentía por él creció inmensamente.
Sin embargo, sabía que no le estaba mintiendo.
Últimamente, con todas sus tácticas de manipulación psicológica, había logrado exprimirle una gran parte de su patrimonio personal.
Eran trucos que jamás se atrevería a intentar con Mateo Moreno.
Incluso con Pablo Moreno tenía que andar con cuidado.
Aunque Pablo parecía amable y educado, tenía una mente aguda y calculadora. No era alguien fácil de lavar el cerebro.
Solo Isaac, ese completo imbécil, era lo suficientemente estúpido como para dejarse llevar de las narices.
Ahora que veía que sus bolsillos estaban vacíos y que ya no le servía de mucho, dejó de actuar.
—Está bien, confío en que lo lograrás. Vámonos a casa.
No tenía ganas de gastar ni una palabra más con ese inútil.
Ya no tenía dinero para darle y tampoco servía para hacerle frente a Alba Moreno.
¡Era un completo estorbo!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada