—De eso estaba muy segura; esa niñita, por muy hábil que fuera, no podría cambiar la situación.
Dicho esto, Clara se llevó a Valeria y se retiraron.
Aún quedaba mucho tiempo. Ya verían.
Después de que se fueron, Isaac y los demás no pudieron evitar vitorear y llenar a Alba de halagos.
—¡Alba, eres increíble! ¡En ese momento estuviste genial!
—Menos mal que estás aquí, de lo contrario esas dos arpías nos habrían echado a la calle.
Frente a todos esos elogios y reconocimientos, las emociones de Alba no variaron en lo absoluto.
Los miró con frialdad y sonrió con desdén.
—Su padre apenas lleva unos días de haber fallecido, su propia madre sigue en el hospital, y ustedes dejan que dos inútiles les pasen por encima.
—Si el Grupo Moreno se queda en sus manos, lo único que harán será ver cómo el imperio cambia de dueño sin mover un dedo.
Ante las burlas y el desprecio de su propia hermana, los tres hermanos borraron sus sonrisas y se quedaron sin palabras.
Apretaron los labios, con expresiones serias, incapaces de refutar una sola sílaba.
—No crean que lo hice para ayudarlos. Además, ellas todavía tienen muchas cosas de la familia Moreno en su poder, así que resuélvanlo ustedes mismos.
Dicho esto, se dio la vuelta y se fue sin mirar atrás.
Alba realmente no esperaba que, mucho tiempo atrás, su padre hubiera puesto la mansión a su nombre.
Si no fuera porque Liam Góngora temía que Clara Serrano y Federico Jiménez intentaran alguna otra jugarreta y mandó a investigar, jamás se habría enterado.
Quizás su padre pensó en dejarle a ella ese hogar que albergaba tantos recuerdos de cuando eran una familia de seis.
Pero, ¿acaso no se dio cuenta de que ese antiguo hogar ya no era el mismo?
Esa casa, ese lugar, hace mucho tiempo que había dejado de ser lo que era.

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