Pensaba que era el código para agregarlo como contacto, ¡pero resultó ser un código de cobro!
—¡Tú! —exclamó Tamara Saldaña, quedándose sin palabras.
Le lanzó una mirada fulminante a ese hombre detestable.
Al ver que él la miraba con la misma sonrisa de siempre, con una actitud de no haberle dado el gusto en lo absoluto, sintió que iba a explotar de coraje.
Sin otra opción, escaneó frustrada el código de cobro del sujeto y le transfirió una fortuna.
Había pagado, y ni siquiera había conseguido el número del chico guapo.
¡Era demasiada humillación!
—Señor Ferrer, tengo asuntos que atender, así que me retiro. ¡Disfrute su trago! —dijo ella, levantándose de golpe.
—De acuerdo —respondió él.
Tamara, al ver que no sentía ni una pizca de incomodidad y seguía sonriendo, se molestó aún más. Tomó su bolso y se marchó.
*Hmph, ya habrá tiempo de sobra. ¡Cuando me reporte a trabajar en el Grupo Moreno, ya me encargaré de él!*
Viendo la hermosa silueta que se alejaba, Gabriel Ferrer curvó los labios en una sonrisa y negó con la cabeza.
No le dio mucha importancia a ese pequeño incidente. Se terminó su copa de un solo trago y también se levantó para irse.
En la mansión de la familia Moreno.
—Díganme, ¿qué puedo hacer para que Albita me preste atención? Ahora, cuando voy a la empresa y me paseo frente a ella, me trata como si fuera invisible —se quejó Isaac Moreno en la sala, con el rostro lleno de angustia, buscando desesperadamente el consejo de sus dos hermanos mayores.
A su lado, Mateo Moreno, que estaba comiendo botanas, no perdió la oportunidad de criticarlo.
—Tsk, ¿no es normal que te trate como si no existieras? Agradece que no te haya echado a patadas.
Si el menor de los hermanos estaba angustiado, él, siendo el mayor, sufría aún más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada