Pero justo cuando Valeria creía que su vida estaba arruinada, su madre le reveló algo increíble: era la verdadera hija de la familia Jiménez.
¡Era la hija biológica de Federico Jiménez!
Ese giro inesperado la había dejado descolocada al principio.
¡La familia Jiménez! ¡Esa familia!
Eran mucho más poderosos y prestigiosos que los Moreno.
Y Federico Jiménez era el líder absoluto de esa familia.
De la noche a la mañana, se había convertido en una joven de la alta sociedad, con un estatus envidiable.
Al recordar eso, Valeria sintió que recuperaba toda su confianza y orgullo.
—Aunque la familia Moreno me trató bien en el pasado, yo también hice mucho por ellos, así que estamos a mano —dijo con altivez—.
—Alba Moreno, la próxima vez que nos veamos, te aseguro que te quedarás con la boca abierta y envidiarás mi suerte.
Valeria no quería seguir discutiendo ni quedarse ahí perdiendo el tiempo.
Pero antes de irse, no pudo evitar lanzar ese comentario para dejarlas con la intriga.
—Ja —se burló Alba, mirándola como si fuera una completa idiota—. No creo que haya nada que envidiarte. No te des tanta importancia.
¿Acaso se creía la gran cosa solo por ser hija de Federico Jiménez?
Seguramente la estúpida no sabía que ella ya estaba al tanto de su verdadero origen.
Pero una hija ilegítima seguía siendo una hija ilegítima, sin un título oficial y criada lejos de la familia por años.
Entrar a la familia Jiménez por la puerta grande y ser reconocida legalmente no iba a ser nada fácil.
Las familias de élite eran extremadamente estrictas con esos asuntos.

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