—Claro, claro, me veías como a un hermano —se burló Isaac—. ¡Entonces devuélveme ahora mismo todo el dinero y las propiedades que te di!
—¡Solo cuando escupas todo lo que te robaste, creeré en tu sinceridad!
Valeria abrió los ojos de par en par. ¡Jamás imaginó que él le saldría con algo tan directo y descarado!
Ya se había gastado casi todo su dinero. ¿Con qué se suponía que le iba a pagar?
Y aunque le quedara algo, no tenía la más mínima intención de devolvérselo.
—Isaac, ¿cómo puedes decir algo así? No puedo creer que de verdad quieras que haga eso, lo dices porque estás enojado, ¿cierto? Lo entiendo, yo...
—Déjate de estupideces, hablo completamente en serio. ¡No intentes cambiar de tema!
Antes de que Valeria pudiera terminar de hablar, Isaac la interrumpió, perdiendo por completo la paciencia.
Ya no era el mismo ingenuo de antes, no iba a dejarse manipular tan fácilmente.
¿Acaso no había aprendido la lección de la peor manera posible?
Mírenla, solo mírenla.
Cuando se hacía la víctima, sus palabras sonaban más dulces que la miel.
Pero apenas le pedía que devolviera el dinero, la obra de teatro se terminaba de golpe.
Alba, que observaba la escena desde la barrera, dio un bocado a su postre, disfrutando el drama con deleite.
Vaya, vaya, qué entretenido era ver a alguien cambiar de cara en un segundo.
Valeria se quedó boquiabierta ante la exigencia, incapaz de articular una sola palabra.
Había demasiada gente observando y esa maldita de Alba la miraba fijamente.
Si aceptaba, tendría que vaciar sus cuentas, pero si se negaba, quedaría en absoluto ridículo.

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