En cuanto Ineta escuchó a Clara, explotó:
—Directora Ramos, si creen que Vanina “no da el nivel” para el Grupo Salazar, díganlo de frente. Vanina no necesita rogarles. Pero no: nosotros ya rechazamos otras campañas y ustedes salen con que siempre no, que van a cambiarla. ¿Nos están viendo la cara o qué? ¡Esto lo tienen que aclarar!
—Ineta, cálmate. La imagen se decidió con Vanina. ¿Cómo que la van a cambiar?
—¿Ah, sí? ¿Y tú no sabías? La directora de relaciones públicas habló personalmente para decir que cambiaban de persona.
Clara se quedó helada un segundo.
—Ineta, lo voy a revisar ya. Te doy una respuesta y una solución, te lo aseguro.
Colgó con la cara endurecida y se fue directo a relaciones públicas. Sus tacones sonaban seco contra el piso.
En esos tres años en el Grupo Salazar, Wendy Fernández no había perdido oportunidad de ponerle el pie.
—Se va a poner bueno —murmuraron unos empleados—. La directora Fernández y la directora Ramos nunca se han llevado.
Clara entró sin tocar a la oficina de Wendy.
—Wendy, me vas a explicar lo de Vanina.
Wendy no se sorprendió. Cruzada de brazos, caminó despacio hacia ella.
—Directora Ramos, ¿para qué tanto drama? Siéntate y hablamos.
—No te hagas. El plan ya estaba aprobado. ¿Con qué derecho metes mano en MQ?
Wendy se le fue encima con la voz.
—¿Y si metí mano, qué? ¿Quién eres tú para venir a gritarme? Si no fuera por tu papá, tú ni de chiste estarías aquí. Te colaste por la puerta de atrás y todavía te crees mucho. ¡Mírate nada más!
Clara la miró con frialdad.
—Cómo llegué a mi puesto no te incumbe.



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