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Firmé el divorcio… y él no me soltó romance Capítulo 9

Cuando Celina llamó, Noa no pudo evitar sonreír al escuchar su voz pastosa.

—¿Ya se te bajó la borrachera?

La risa de Celina sonaba lejana, como en un sueño.

—Tú no entiendes el poder que tiene un papasito bien puesto.

—Sí, cómo no.

—Aunque quién sabe, tu exmarido tiene una pinta de ser un desgraciado sin corazón.

Noa se quedó sin palabras y sintió que la cara le ardía.

Su mente se llenó de recuerdos de repente.

Rocco era intenso, demasiado. Más de una vez a ella se le borró el mundo por un momento.

—Shh… —le decía al oído—. Así se siente cuando ya no puedes pensar.

Al notar que no respondía, Celina pensó que había metido la pata.

—¿Noa?

—Aquí estoy.

—¿No decías que querías volver a trabajar en periodismo? Le hablé a alguien de una televisora. Te cité para que lo veas esta noche.

Noa se sintió conmovida.

Celina sabía que necesitaba dinero.

Noa se tragó el nudo y solo alcanzó a pensar que Celina siempre aparecía cuando más la necesitaba.

***

Noa llegó a la dirección que Celina le había dado.

Era un club exclusivo al que había ido antes con Rocco.

Sabía que la gente que frecuentaba ese lugar pertenecía a la élite, ricos y poderosos.

Silvina había conocido a todo tipo de personas, pero al ver a Noa por primera vez, quedó profundamente impresionada.

—Hola, soy amiga de Celina —dijo Noa, asintiendo con la cabeza.

La mujer frente a ella le extendió la mano.

—Silvina. Puedes llamarme Silvina.

Noa le entregó su currículum. Silvina lo revisó.

—Señorita Sampedro, veo que durante la universidad hizo prácticas en un noticiero y fue presentadora en varias ocasiones. Tiene buenas calificaciones y un buen historial. ¿Por qué dejó de dedicarse a esto después de graduarse?

Noa apretó los labios. Después de graduarse, se había casado con Rocco.

Y él no le permitía trabajar fuera de casa.

Tras pensarlo un momento, ocultó el hecho de que estaba casada.

—Me tomé un descanso y luego me fui al Reino Unido.

—El ritmo de trabajo aquí es muy intenso hoy en día, puede ser un poco pesado —asintió Silvina.

—Si usted me da la oportunidad, trabajaré muy duro —dijo Noa con sinceridad.

—Empecemos probando como asistente.

—Gracias, Silvina.

—Ven conmigo.

Noa siguió a Silvina hasta un privado donde varios hombres fumaban, acompañados de algunas mujeres.

Capítulo 9 1

Capítulo 9 2

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