Después de colgar, Julián se quedó sentado en su sitio por un largo rato, sintiendo cómo esa sospecha se volvía cada vez más intensa, haciéndole hervir la sangre de emoción.
Apretó su teléfono, se levantó de un salto y fue directo hacia la sala principal.
Era el día libre de Doña Elia, así que no estaba atendiendo asuntos de trabajo.
Se encontraba relajada en casa, practicando algo de caligrafía y cuidando sus plantas con mucho entusiasmo.
Cuando Julián llegó, notó que su padre, Ciro Valdés, también estaba allí.
Estaba acompañando a Doña Elia en su plática.
Padre e hijo cruzaron miradas, pero Julián no mostró la menor intención de saludarlo afectuosamente. Ciro ya estaba acostumbrado a los prejuicios y la actitud desafiante de su hijo, por lo que mantuvo su rostro inexpresivo.
—Abuela —dijo Julián al entrar.
Doña Elia soltó el pincel.
—Escuché tus pasos desde lejos, ¿qué te trae por aquí con tanta prisa?
Los labios de Julián temblaron, ansioso por soltar la noticia de golpe.
Pero al ver a su padre, recordó la advertencia de Sebastián: la identidad de Vera aún estaba por comprobarse, y no era prudente que mucha gente lo supiera.
Sin embargo, la persona frente a él era su propio padre.
—Habla sin rodeos —dijo Doña Elia al notar las dudas de Julián—. Lo que yo decida, tu padre no tiene por qué intervenir.
Dejando en claro que, incluso si Ciro se enteraba, su presencia no afectaría nada.
Julián echó un vistazo rápido a su alrededor.
Al no ver rastros de Viviana, decidió dejar de lado sus reservas.
—Creo que tengo una pista sobre mi hermana.
Doña Elia se quedó paralizada.
Incluso Ciro levantó la cabeza de golpe.
Julián se acercó.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...