Sebastián no actuaba como un caballero.
Él simplemente... sabía exactamente cuáles eran las intenciones de ella, y no se molestó en buscar excusas para rechazarla y despreciarla con absoluto desdén.
Ahora, cada vez que recordaba eso, le dolía hasta el alma.
Estaba llena de odio, furia y resentimiento.
Sebastián era el tipo de hombre que te destruía sin derramar una sola gota de sangre, que manejaba los hilos con una facilidad monstruosa y podía arrastrar a cualquier presa al pozo de la desesperación sin que tuviera una sola oportunidad de defenderse.
No era un hombre íntegro o elevado.
Era un hombre que sabía exactamente lo que quería, frío, letal, de movimientos calculados para aniquilar, ganando las guerras sin siquiera tener que desenfundar su propia espada.
Al principio, Claudio se mostró reacio a creer lo que Silvana le estaba contando.
Pero tras meditarlo unos instantes, entendió que no era una locura.
Ese primo suyo siempre había sido arrogante y frío desde que eran niños. Si no hubiera sido por el matrimonio arreglado que lo ató a Vera por fuerzas externas, con esa personalidad suya, jamás habría prestado atención a ninguna mujer. Era el tipo de hombre que incluso parecía carecer por completo de las necesidades emocionales o físicas más básicas.
Así que, el hecho de que no hubiera tocado a Silvana, tenía sentido.
Sin embargo...
De pronto, Claudio la agarró del cuello con una sola mano.
—Tiene sentido. Sebastián siempre se ha creído superior. Yo mismo me preguntaba cómo era posible que hubiera caído en tus redes, parecía absurdo. Y resultó ser cierto, te botó cuando le convino. Pero al menos serviste de algo; antes de que te destrozara, me hiciste un enorme favor.
Haberle entregado los planos del proyecto estratégico se había convertido en la daga que Claudio clavaría directamente en la yugular corporativa de su primo.
Silvana, al ver cómo él mostraba su verdadera cara y la trataba como desecho, no se contuvo.
Apretó los dientes:
—Vine a buscarte para informarte que estoy esperando un hijo tuyo. No puedes darle la espalda a esto. Estoy en serios problemas, Claudio. Si quieres que tu hijo nazca, vas a tener que ayudarme.
El rostro del hombre se desfiguró de golpe.
Ya lo había sospechado durante aquella cena de bienvenida.
Pero nunca pensó que ella usaría esa carta para venir hasta su casa y exigir protección.
—¡¿Estás loca?! —le gritó mientras la empujaba por el cuello, arrojándola al suelo con una mirada cargada de violencia—. Te conviene que entierres esto para siempre. Si te atreves a armar un escándalo y llegar hasta mi abuelo...


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...