Mientras hablaba.
Dirigió su mirada hacia Don Elías, quien se había mantenido en silencio.
Don Elías sostenía firmemente su bastón, su rostro inescrutable:
—¿Y qué proponen ustedes?
—La destitución. Al cometer un error de esta magnitud, Sebastián ha demostrado que la carga es demasiada para él. Sugiero que entregue todos los proyectos que tiene a su cargo; así le daremos la cara a la empresa y callaremos las voces de protesta.
Eduardo propuso esto meneando la cabeza y suspirando como si le doliera hacerlo. Luego añadió:
—A mí no me importa encargarme de limpiar este desastre por él. Aún es joven, que se tome el tiempo para ganar más experiencia.
La mayoría de los presentes apoyaron la propuesta.
Vera los escuchaba sintiendo un nudo en el estómago.
Los logros de Sebastián durante todos estos años eran innegables. Sin embargo, apenas ocurrió esta filtración, todas las bestias ocultas salieron a devorarlo, aprovechando la oportunidad para bajarlo del trono. Ahora estaba totalmente acorralado.
Incluso el rostro de Claudio mostraba la arrogancia de quien ya saboreaba la victoria.
Pero Sebastián, por su parte, seguía sin alzar la mirada.
Jugaba con calma con la pequeña botella de yogur, algo que desentonaba completamente con él.
Don Elías sonrió fríamente y fijó sus ojos en él:
—¿No tienes nada que decir en tu defensa?
Sebastián finalmente levantó la vista:
—¿Ya terminaron todos de hablar?
Esa actitud sobradora...
Hizo que algunos de los directivos que ya le guardaban rencor golpearan la mesa y se pusieran de pie:
—¡Sebastián Zambrano! ¿Qué clase de actitud es esa?
Claudio, regodeándose en su desgracia, añadió:
—Primo, no te cuesta nada admitir tu error. Si no lo haces, ¿no te das cuenta de que todo tu esfuerzo de años se irá por la borda?
La alegría maliciosa desbordaba de sus ojos.
De repente.
Sebastián clavó su mirada en él.
Sintiéndose atrapado por la intensidad de aquellos ojos oscuros, el corazón de Claudio dio un vuelco repentino de puro terror.
Al segundo siguiente.
Sebastián declaró:
—Ya que todos han terminado, ahora es mi turno.
Ella sabía que Silvana usaría su embarazo como escudo para eludir la cárcel. Esa idea le había causado mucha indignación, ya que significaba que quien había lastimado a los suyos seguiría libre e intacta sin pagar ante la ley.
Y ahora...
Aparecía en unas condiciones miserables y brutales...
Silvana ya estaba totalmente desquiciada. Al ver a Claudio, empezó a gritar, queriendo abalanzarse sobre él en un ataque de locura:
—¡Hijo de puta! ¡Tú y tu madre son unos monstruos! Trataron de mandarme en un barco lejos de todo y encima asesinaron al hijo que llevaba dentro... ¡y era de tu propia sangre! ¡Tú, tu madre y toda su familia merecen arder en el infierno!
—¡Cierra la maldita boca!
El rostro de Claudio estaba blanco como el papel mientras corría para callarla.
Pero Don Elías, con los ojos entrecerrados, hizo una señal para que sus guardias lo detuvieran.
Silvana, rota por la tortura, continuó. Cecilia no era humana, su crueldad le helaba la sangre.
Si no hubiera buscado la ayuda de Claudio, habría conservado una última esperanza. Aunque tarde o temprano la condenaran, al menos habría evitado esta agonía en cuerpo y alma.
Y ahora...
¡Jamás había probado un sufrimiento así!
Silvana, con los ojos llenos de rencor absoluto hacia Claudio tras la brutal venganza de la madre y el hijo, estalló:
—¡Todos ustedes han sido engañados como idiotas! Fue él, Claudio Zambrano. Él me obligó a robar esos archivos confidenciales, fue él quien filtró todo para tenderle una trampa a Sebastián. Tengo audios que lo prueban. ¡Me aseguraré de que sufra las mismas penas del infierno! ¡Claudio y Cecilia tienen que pagar por lo que hicieron!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...