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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 713

Si no fuera porque alguien logró interceptar ese barco a tiempo...

Ella estaría muerta en el extranjero.

La familia Zambrano era una jauría de demonios sedientos de sangre.

Con tal de que ella no pudiera usar su embarazo para amenazar a Claudio, no querían dejarla con vida.

Claudio y Cecilia habían llegado a un nivel de crueldad inimaginable.

El hijo que llevaba dentro estaba muerto, su recurso legal para aplazar su ingreso a la cárcel había desaparecido. Aunque la hubieran rescatado, su único destino ahora era el castigo de la ley. Se le habían cerrado todas las puertas, todo gracias a la brutal venganza de madre e hijo.

¡Estaba llena de arrepentimiento!

Si tan solo no hubiera buscado a Claudio.

A lo mucho habría sido enviada a prisión al terminar el plazo, pero nunca habría sufrido ese horror.

¡Estaba completamente desquiciada!

¡Lo único que quería era arrastrarlos a todos al mismo infierno!

¡Incluso si solo se llevaba a uno con ella, ya era suficiente!

—¡¿Estás loca?! ¡¿Inventarías cualquier cosa con tal de hundirme?! —Claudio entró en pánico, y un sudor frío comenzó a resbalar por su frente.

El rostro de Eduardo también palideció drásticamente. ¿No se suponía que esta reunión era para decapitar a Sebastián? ¿Cómo era que ahora el cuchillo apuntaba a su propia familia?

—¡Esa mujer perdió la razón! ¡¿Qué esperan para sacarla de aquí?! —gritó Cecilia, entrando a toda prisa a la sala. Había recibido la noticia a mitad de camino de que alguien había rescatado a Silvana.

Su intención original no era dejar que esa amenaza siguiera respirando.

La única forma de dormir tranquila era arrancando el problema de raíz.

Pero jamás imaginó...

El rostro de Cecilia cambió de color, palideciendo hasta adquirir un tono grisáceo mientras miraba a Sebastián.

—¿Pruebas? ¿Grabaciones? —Don Elías hizo un gesto con la mano, obligando a Cecilia a callarse.

Silvana, con los ojos inyectados en sangre y el cuerpo al límite de sus fuerzas, habló:

—Abran mi correo electrónico. Todo está respaldado allí. Tengo evidencia de cómo Claudio me chantajeó desde el principio.

Ella siempre había sido cuidadosa.

Por miedo a que Claudio intentara culparla del robo de la información confidencial, se había guardado un seguro. Y aunque ahora ya no podía salvarse a sí misma, al menos podía asegurar su venganza.

¡Quería arrastrar a Cecilia y a Claudio con ella a la ruina absoluta!

Eduardo estalló en furia:

—Sebastián, ¿qué demonios significa esto? ¿Acaso tú contrataste a esta mujer para que viniera a difamar a mi hijo? Todos sabemos de la relación sucia que tuviste con ella...

Esa acusación de "relación sucia" le sonó sumamente irónica a Vera.

Nunca imaginó que Silvana hubiera sido sometida a semejante brutalidad. Horas antes sentía rabia porque la mujer eludía el peso de la ley escudándose en su embarazo, y ahora se enteraba del oscuro desenlace que el destino le había cobrado.

¿Acaso Cecilia y su hijo fueron tan estúpidos como para atacar en un momento tan delicado?

Esto había exterminado cualquier posibilidad de supervivencia para Silvana.

Le habían dado un rayo de esperanza para después arrojarla al vacío y destrozarla en mil pedazos.

Era fácil imaginar la desesperación absoluta que estaba sufriendo.

Aunque la expresión de Don Elías no cambió, sus ojos se volvieron tan fríos como el hielo.

Si este escándalo se hacía público, la familia Zambrano ardería hasta los cimientos.

¡La reputación de la dinastía estaba en riesgo de quedar destruida!

Cecilia comenzó a sudar frío. Su voz salió aguda por el pánico:

—¡¿De dónde salió ese video?! Don Elías, esto es un malentendido, jamás quise arruinar el buen nombre de la familia...

Claudio casi se desmoronaba en el suelo.

Con los labios temblorosos, clavó la mirada en Sebastián, quien seguía luciendo impasible.

—¡¿Me estabas espiando?!

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