Especialmente, la ocasión de hoy no podía ser más adecuada.
Incluso, intentaba arrastrar a toda la familia Valdés, forzándolos a presionar a Sebastián Zambrano para que le diera un lugar a su hija.
Doña Elia, quien minutos antes estaba eufórica por la llegada de una nueva bisnieta, sintió cómo la situación arruinaba su buen humor. Su rostro se congeló: —¡Les aconsejo que dejen de soñar! ¿Acaso creen que no sé lo que están tramando? Les encantaría enviar a Alexa a la familia Zambrano para asegurar esa alianza. No olviden que, al fin y al cabo, Sebastián fue el esposo de su hermana. Si siguen con esas manipulaciones, entonces lárguense de esta casa. ¡Los Valdés jamás cargarán con la vergüenza de enviar a dos de sus hijas al mismo pozo!
Ella había navegado tormentas toda su vida.
Había visto de todo.
Aunque durante todos esos años Viviana jamás se había atrevido a cometer un error frente a ella, Doña Elia no estaba tan vieja como para perder la lucidez.
Viviana, más que nadie, deseaba un matrimonio con una familia poderosa para elevar su estatus.
Viviana palideció: —No quise decir eso, solo me duele el sufrimiento de Alexa. Al fin y al cabo, los chismes terminarán lastimándola.
Alexa tampoco esperaba que Doña Elia fuera tan implacable, sin guardarle ni un poco de consideración.
Aunque había acompañado a Doña Elia durante años, seguía siendo menos importante que Vera.
Se mordió el labio con obstinación. —Abuela, sé que por consideración a mi hermana, prefieres que yo sufra. Mi pureza, comparada con los sentimientos de Vera y la opinión de los demás, no vale nada.
Doña Elia se giró hacia ella: —¿Estás diciendo que realmente pasó algo entre tú y Zambrano?
Alexa abrió la boca, jugando con sus dedos, y miró a Sebastián, quien seguía sin decir una palabra.
Se mantuvo en silencio, de forma testaruda.
Pero ese silencio.
Todos sabían que era una confirmación tácita.
Viviana se secó las lágrimas y miró a Vera con súplica: —Vera, Alexa es muy joven, no puede soportar las miradas juzgadoras de los demás. ¿Puedes pensar en alguna solución? ¿Cómo podríamos arreglarlo de manera que tú te sientas tranquila y ella tenga un buen futuro?
Le estaba pidiendo respuestas directamente a Vera.
Julián se puso de pie: —Si tú, como madre, no educas a tu propia hija, ¿por qué le exiges soluciones a los demás?
Vera levantó la mirada.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...