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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 835

Especialmente, la ocasión de hoy no podía ser más adecuada.

Incluso, intentaba arrastrar a toda la familia Valdés, forzándolos a presionar a Sebastián Zambrano para que le diera un lugar a su hija.

Doña Elia, quien minutos antes estaba eufórica por la llegada de una nueva bisnieta, sintió cómo la situación arruinaba su buen humor. Su rostro se congeló: —¡Les aconsejo que dejen de soñar! ¿Acaso creen que no sé lo que están tramando? Les encantaría enviar a Alexa a la familia Zambrano para asegurar esa alianza. No olviden que, al fin y al cabo, Sebastián fue el esposo de su hermana. Si siguen con esas manipulaciones, entonces lárguense de esta casa. ¡Los Valdés jamás cargarán con la vergüenza de enviar a dos de sus hijas al mismo pozo!

Ella había navegado tormentas toda su vida.

Había visto de todo.

Aunque durante todos esos años Viviana jamás se había atrevido a cometer un error frente a ella, Doña Elia no estaba tan vieja como para perder la lucidez.

Viviana, más que nadie, deseaba un matrimonio con una familia poderosa para elevar su estatus.

Viviana palideció: —No quise decir eso, solo me duele el sufrimiento de Alexa. Al fin y al cabo, los chismes terminarán lastimándola.

Alexa tampoco esperaba que Doña Elia fuera tan implacable, sin guardarle ni un poco de consideración.

Aunque había acompañado a Doña Elia durante años, seguía siendo menos importante que Vera.

Se mordió el labio con obstinación. —Abuela, sé que por consideración a mi hermana, prefieres que yo sufra. Mi pureza, comparada con los sentimientos de Vera y la opinión de los demás, no vale nada.

Doña Elia se giró hacia ella: —¿Estás diciendo que realmente pasó algo entre tú y Zambrano?

Alexa abrió la boca, jugando con sus dedos, y miró a Sebastián, quien seguía sin decir una palabra.

Se mantuvo en silencio, de forma testaruda.

Pero ese silencio.

Todos sabían que era una confirmación tácita.

Viviana se secó las lágrimas y miró a Vera con súplica: —Vera, Alexa es muy joven, no puede soportar las miradas juzgadoras de los demás. ¿Puedes pensar en alguna solución? ¿Cómo podríamos arreglarlo de manera que tú te sientas tranquila y ella tenga un buen futuro?

Le estaba pidiendo respuestas directamente a Vera.

Julián se puso de pie: —Si tú, como madre, no educas a tu propia hija, ¿por qué le exiges soluciones a los demás?

Vera levantó la mirada.

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