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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 839

Tal como Sebastián había dicho.

Demasiadas coincidencias dejan de ser coincidencias.

—¡Nunca imaginé que estábamos criando a una víbora en nuestro propio nido! —Cuando Doña Elia se enfurecía, emanaba una presencia intimidante. Esta matriarca, que había sido implacable toda su vida, no mantenía su inmenso poder en la familia Valdés solo por su avanzada edad.

Echó un vistazo a Ciro.

Descubrió que el rostro de Ciro estaba aún más pálido que el de ella, con la mandíbula tensa, señal evidente de que había llegado a su límite de tolerancia.

—Abuela, sé que ahora nada de lo que diga servirá de algo, pero de verdad no tuve nada que ver con esto. Si el señor Zambrano tuviera pruebas, no estaría hablando de meras sospechas —Alexa recuperó la voz. Lloraba desconsolada, aparentando una injusticia y un desconcierto que partían el corazón.

—Claro, como creíste que todo lo hiciste sin dejar rastro, asumiste que nunca habría pruebas, ¿verdad? —intervino Vera de repente.

Su voz era fría y cargada de sarcasmo.

Alexa intentó acercarse a ella para tomarle la mano.

—Vera, sabes lo mucho que te quiero. ¿Cómo podría hacer algo para lastimarte? Nosotras somos familia.

—¿Y qué hay de los rumores sobre Vera en la Universidad Central? —soltó Sebastián de la nada.

Sus palabras, tan gélidas como el hielo, detuvieron en seco los pasos de Alexa.

Ella se quedó perpleja, con las pupilas dilatadas.

—...No sé de qué habla.

Sebastián se levantó lentamente y se acercó paso a paso hasta interponerse entre ella y Vera. La miró desde arriba, con desdén.

—Apenas te expulsaron del grupo de investigación, la universidad y las redes sociales se inundaron de supuestos «escándalos» sobre Vera, arruinando su ascenso, manchando su reputación y destruyendo su boda. ¿Me vas a decir que eso también fue una coincidencia?

Alexa se encontró con la mirada oscura y amenazante del hombre.

Sintió que hasta el alma le temblaba.

Incapaz de controlarse, retrocedió tambaleándose con cada palabra que él pronunciaba.

Nadie se lo esperaba.

Resultaba que todos esos incidentes estaban conectados.

Doña Elia tomó su taza de té y la estrelló con fuerza contra el suelo. Con el rostro helado, preguntó:

—Señor Zambrano, ¿usted sospecha de Alexa?

—Solo es una deducción lógica a la que estoy acostumbrado —respondió Sebastián con calma—. Vera acababa de llegar a la Universidad Central. Siendo un talento brillante, lo normal es que los estudiantes la admiraran. ¿Quién arriesgaría su propio futuro para difamar a alguien con quien no tiene ninguna relación? A menos que hubiera un rencor personal. Queda a su propio criterio juzgar la verdad, Doña Elia.

No obligó a nadie a creerle.

Solo dijo lo justo y necesario.

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