—¡Vera!
El semblante de Julián cambió drásticamente.
Daniela tiró el bolso al suelo de un manotazo: —¡Se desmayó!
Julián se apresuró a tomarla en brazos.
—¿Qué le pasa a Vera?
El Maestro Cárdenas se acercó de inmediato y le tomó el pulso: —Es agotamiento extremo. Si seguía así, iba a sufrir un colapso cardíaco.
Daniela corrió hacia ellos, exclamando con indignación: —¡Seguro fue exceso de trabajo! Desde que llegó a Suiza no ha parado ni un segundo, apenas dormía dos horas diarias; y todavía regresó a casa a buscar gente, sin descansar ni un instante. Mantuvo los nervios de punta todo el rato. ¡Haber soportado una cirugía de más de diez horas es un maldito milagro!
—Llévala rápido a una habitación para que le pongan suero —dijo Doña Elia, con el corazón encogido por la angustia.
Todo volvió a convertirse en un caos.
Iban y venían corriendo de un lado a otro.
Daniela se llevó la mano a la frente: —Es como si estuviera hecha de acero.
Ella había sido testigo de todos los esfuerzos que hizo Vera últimamente, operando como una máquina sin parar. Siempre se mostró fría y racional, sin dejar que se le escapara ni un rastro de vulnerabilidad o agotamiento.
Ahora, finalmente había entendido la enorme fortaleza que poseía.
Vera durmió profundamente durante horas.
Estaba exhausta.
Y su mente se llenó de sueños extraños y fragmentados.
Cuando por fin abrió los ojos, ya era el atardecer del día siguiente.
Nada más despertar, saltó de la cama, pero por haberse levantado tan de prisa sintió que todo le daba vueltas.
En ese momento, el Profesor Robert y Daniela entraron a verla. Daniela se apresuró hacia ella, ayudándola a sostenerse mientras la regañaba: —A ver si dejas de maltratarte. Te crees que no gastas energía y que puedes funcionar de largo, hasta las máquinas terminan fundiéndose.
Vera, que ya se sentía un poco mejor, miró al Profesor Robert con la voz aún ronca: —¿Cómo está él?
Él fue directo: —Aún no supera la etapa crítica. Hubo un problema, pero logramos estabilizarlo a tiempo.
Vera ya lo veía venir.
Mientras no se desatara esa aterradora hemorragia masiva, todo podía manejarse.
Sin embargo...
—Si llega a despertar, ¿su cuerpo se verá afectado? ¿Los episodios de ceguera o afasia podrían regresar?
El Profesor Robert negó lentamente: —No podemos asegurarlo, dependerá del estado en que despierte. Su cuadro es muy complejo, pero al menos estamos seguros de que no quedará paralizado. En cuanto a lo que mencionas sobre la pérdida del habla o de la visión, sí es una posibilidad, e incluso podrían presentarse otras secuelas imprevistas.
Solo sabrían la verdad cuando él abriera los ojos.
Vera cerró los ojos con pesadez.
—Gracias por su esfuerzo.
—No es nada, señorita Suárez. Usted también debe cuidar su salud; si no fuera por usted, esta cirugía jamás habría sido posible.
Dicho de otro modo...
Había sido Vera quien logró arrancarle a la muerte una oportunidad para Sebas.
Vera asintió levemente.
El Profesor Robert se retiró para seguir monitoreando los signos vitales de Sebastián en tiempo real.
No podía permitirse el más mínimo error.
Daniela le sirvió un vaso de agua: —Es un hombre afortunado, va a salir de esta.
Vera levantó la vista: —Gracias.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...