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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 919

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Al encontrarse con los ojos de Sebastián Zambrano, notó que no había ninguna emoción en ellos; de hecho, solo reflejaban recelo. En la habitación del hospital había mucha gente, y la gran mayoría ya estaba al tanto de su estado actual. Todos lucían expresiones complejas.

Vera apretó los labios.

—¿No recuerdas nada?

El rostro de Sebastián seguía pálido. Ni él mismo sabía qué le pasaba.

Al despertar, se había encontrado rodeado de todas esas personas junto a su cama.

No reconocía a nadie.

Pero la forma en que reaccionaban al verlo era como si hubieran visto un fantasma.

—¿Qué se supone que debo recordar? —preguntó, clavando la mirada en Vera. Sus ojos oscuros eran profundos y su voz sonaba ligeramente ronca.

Esa actitud hizo que los rostros de los presentes adoptaran un matiz de desconcierto.

Julián entró apresurado y miró a Vera con preocupación.

—Tal vez sea solo temporal. No te aflijas demasiado; es muy probable que recupere la memoria más adelante.

Después de todo, la situación era verdaderamente peliaguda.

Vera y Sebastián habían pasado por tantas cosas, estaban a punto de aclarar todos sus malentendidos, y justo ahora él perdía la memoria por la cirugía. Ser olvidada por completo por el hombre que alguna vez la amó, ser tratada como una completa extraña sin importancia... Todo el amor, el odio y el resentimiento borrados de un plumazo.

Si Julián se pusiera en los zapatos de Vera, estaba seguro de que no sería nada fácil de asimilar.

Vera había considerado muchas de las secuelas que Sebastián podría sufrir al despertar, pero nunca se le cruzó por la mente que algo así ocurriría.

El hombre la miraba con ojos claros, pero sin un ápice de familiaridad.

Ella se acercó y, sin decir una palabra, le tomó la muñeca para revisarle el pulso.

No se detuvo a mortificarse por la amnesia de Sebastián; simplemente se dedicó a comprobar su estado físico.

En el instante en que la mano de Vera se posó sobre la suya, la mirada de Sebastián tembló levemente. Observó a la mujer que tenía tan cerca. A diferencia del resto, ella no estaba haciendo un alboroto; se mantenía muy tranquila.

Pero su propio corazón, en el momento en que ella se acercó, perdió el ritmo.

Sus latidos se volvieron rápidos y descontrolados.

No sabría explicar la sensación. Sentía una dolorosa opresión en las entrañas, una emoción extraña y angustiante que le hacía vibrar el pecho.

Las pestañas de Vera revolotearon.

Al tomarle el pulso, naturalmente detectó la frecuencia cardíaca absurdamente alta de Sebastián.

Levantó la mirada hacia él.

Sebastián tampoco le quitaba los ojos de encima.

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