A pesar de verse destrozado, su mirada cargaba un sentido de posesión imposible de concretar para Vera, como si fuera solo una ilusión suya.
Ella miró la manera en que tenía sus dedos entrelazados con los de ella.
Era una forma invasiva, innegable y que no le permitía escapar.
—Estaba bromeando.
Al final, Vera no pudo ser implacable.
Sebastián, a fin de cuentas, era un paciente. Había que considerar de manera adecuada su estado emocional.
No mencionó ni una sola palabra sobre Adriano.
La respuesta pareció tranquilizarlo un poco, y curvó levemente los labios.
—¿En serio?
—Sí. Acuéstate, no ves bien y no es bueno que te des un golpe. —Vera, con bastante paciencia, lo acomodó en la cama.
—Anoche no pude dormir. ¿Puedes quedarte a acompañarme? —Soltó un poco su mano, usando un tono conciliador.
Vera lo pensó un momento.
—Está bien. Trabajaré desde aquí y tú duerme un rato.
—De acuerdo.
En el instante preciso en que ella aceptó, él, como si hubiera asegurado la victoria, volvió a apretar con fuerza la mano que acababa de aflojar. Era obvio que nunca tuvo la intención de soltarla; había sido solo una estrategia.
Vera quiso preguntarle cómo se suponía que iba a trabajar si él no la soltaba.
Pero no le pareció adecuado decírselo a un paciente.
Así que se conformó con usar solo una mano para sostener la computadora.
Sebastián no cerró los ojos. Se dio cuenta de su tolerancia y paciencia.
Mientras ella miraba la computadora, él simplemente observaba el perfil de su rostro.
Su amabilidad y fragilidad poco a poco fueron cubiertas por una capa de oscuridad. Ella dijo que no era cierto, que su amiga solo estaba bromeando.
Pero ella...
No había dado detalles.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...