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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 931

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Sebastián giró la cabeza para mirarlo. El regodeo de Julián era evidente y, si se atrevía a decir algo tan directo, es porque probablemente era cierto.

—Te acompaño a recogerla.

No le exigió a Julián ninguna explicación.

Tampoco perdió los estribos por la impaciencia.

Eso provocó un bufido despectivo por parte de Julián. El hombre sabía mantener la compostura; sin embargo, la espina ya estaba clavada, y solo el afectado sabía cuánto dolía.

Se negaba a creer que a Sebastián no le afectaba en absoluto.

Vera había sufrido demasiado por su culpa en el pasado.

Lo que Sebastián estaba pasando ahora apenas era el principio.

—¿Tú también vienes? —Vera se giró para examinarlo de arriba a abajo—. Acabas de hacer un vuelo largo y estás débil. Quédate a descansar.

—Estoy bien. Contigo a mi lado no me pasará nada malo —respondió Sebastián, frotándose ligeramente la frente, lanzándole una mirada a la que le resultaba imposible negarse—. Necesito ver a nuestra hija.

Julián: «...»

Manipulador.

¿Acaso no se daba cuenta de que cada palabra de Sebastián estaba calculada a la perfección?

El gran presidente de los Zambrano, aferrándose al papel de seductor indefenso. Realmente lo había dejado atónito.

Vera no notó la expresión de Julián, y, de hecho, lograba comprender a Sebastián. Estando amnésico y perdido, enterarse de golpe de que tenía una hija haría que a cualquiera le fuera imposible quedarse esperando de brazos cruzados.

—Si te sientes mal en algún momento, dímelo —le advirtió, dejando de lado sus negativas.

Julián tampoco dijo mucho más.

Aunque la amnesia le brindaba a Sebastián un camino más fácil, también aseguraba que enfrentarse al dolor y las miserias del pasado desde la ignorancia total resultaría el doble de incomprensible, insoportable y tortuoso.

Ciertas cosas simplemente había que sufrirlas.

-

Vera manejó en otro coche y llevó a Sebastián hasta la escuela de Lina.

Al haber estado ausente por tanto tiempo, extrañaba muchísimo a la niña.

Al principio, había pensado ocultarle el verdadero motivo de su larga ausencia, pero, finalmente, cedió a la culpa y le explicó a Lina que Sebastián estaba enfermo y necesitaba recibir tratamiento en el extranjero. Incluso le preguntó si quería enviarle palabras de ánimo.

Lina siempre había sido excepcionalmente inteligente.

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