—Sebastián, no olvides cuánto daño y sufrimiento le causaste a Vera. ¿Con qué derecho la sigues acosando ahora?
El rostro de Adriano se ensombreció, y la palabra «esposa» seguía resonando en su mente.
Le punzaban las sienes de rabia.
Al pensar en la gran posibilidad de que Sebastián hiciera dudar a Vera una vez más, todos sus nervios se tensaron, dejando que su ira se liberara sin control.
—Lo que pase entre mi esposa y yo es asunto de familia. Tú, un extraño, ¿con qué derecho te entrometes? —los labios de Sebastián se movieron ligeramente, destilando un toque de ironía despreocupada.
Repetía la palabra «esposa» sin ningún pudor.
Adriano tenía el rostro glacial; se dio cuenta de que Sebastián había cambiado.
El Sebastián de antes nunca habría actuado así.
Ahora, competía y arrebataba, sin dejar el más mínimo margen de maniobra.
Pero...
Adriano habló con frialdad: —¿Asunto de familia? ¿Necesito recordarle al señor Zambrano que Vera y yo estuvimos a punto de casarnos? Hasta organizamos la boda. Vera y yo nos conocemos desde hace años. Fui yo quien la acompañó en sus momentos más difíciles, quien le tendió una mano y quien resolvió todas sus urgencias. El lugar que ocupo en su corazón no lo decides tú.
Matrimonio, boda, años de afecto...
La combinación de esas palabras formaba una verdad capaz de destrozar a cualquiera.
Sebastián alzó la mirada lentamente, sin un ápice de calidez en sus ojos.
No esperaba recibir semejante avalancha de información.
Vera había estado a punto de casarse con el hombre que tenía enfrente. Si no hubiera habido amor mutuo, ¿cómo habrían llegado a planear una boda?
Se irguió, con una voz más gélida que una tormenta de invierno: —Tú lo has dicho, solo eres el pasado. Yo quiero su presente.
No le importaba qué pasado hubiera tenido Vera ni con qué hombre se hubiera enredado emocionalmente; lo único que le importaba era que, en ese momento, él tuviera un lugar en la mirada de ella.
Adriano no esperaba esa reacción de Sebastián.
Que un hombre nacido en la cima del poder y los privilegios pudiera rebajarse tanto en cuestiones del corazón era impensable. Cualquier hombre orgulloso no habría podido ignorar las palabras que él acababa de decir.
Sebastián... parecía un completo extraño.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...