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Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 103

Gerardo no esperaba que se metiera con descaro entre ellos. Enfurecido, apretó los puños y rugió:

—¡Wilfredo, mátala! ¡Mátala ahora! ¡Le entregaré su cuerpo sin vida a José y que él la castigue!

—¡Entendido!

Con eso, Wilfredo avanzó hacia su oponente, emanando la formidable presencia de un experimentado artista marcial.

«¡Bum! ¡Bum! ¡Bum!».

Los golpes decisivos de Wilfredo reverberaban con una fuerza aterradora, dejando profundas huellas en el suelo con cada poderoso paso que daba. Sus puños, como forjados en acero, desataron una fuerza sobrecogedora que obligó a Yelena a retroceder de manera repetida ante su implacable ataque.

«Entonces, ¿ésta es la verdadera fuerza de un artista marcial?».

Las pupilas dilatadas de los espectadores reflejaban su asombro. Incluso Óscar no pudo evitar un sentimiento de inferioridad. Si no fuera por el respaldo de Emir, se habría visto obligado a ceder ante Wilfredo sin dudarlo.

El poder de un artista marcial superaba al de los simples mortales. Eran en verdad formidables y a la vez aterradores.

Pero Óscar y sus compañeros estaban perplejos por el hecho de que un asesino de Jardín Sombrío hubiera decidido ayudarles.

En un abrir y cerrar de ojos, los combatientes habían intercambiado golpes una docena de veces o más.

Los movimientos de Wilfredo eran enérgicos y decididos, como los de un toro embistiendo; cada puñetazo tenía una fuerza inmensa.

Por el contrario, Yelena hizo gala de una agilidad y flexibilidad notables. Tras sufrir algunos reveses, decidió de manera sabia no enfrentarse a Wilfredo, optando en su lugar por una estrategia de desgaste, que desembocó en un tenso enfrentamiento entre ambos.

¡Pum!

Volvieron a intercambiar golpes.

Mientras los puños de Wilfredo giraban hacia Yelena, ésta retrocedía con calma mientras manipulaba su daga para encontrar oportunidades de golpear.

—¡Los asesinos del Jardín Sombrío son en verdad formidables!

La expresión de Wilfredo se volvió sombría.

Si Yelena se enfrentara a él de frente, sin duda la dominaría, pero ella seguía evadiéndose y maniobrando, superándolo en velocidad, dejándolo frustrado e incapaz de utilizar por completo su fuerza.

—¿Por qué no la detuviste?

«Esa maldita asesina hizo que mi amado hijo perdiera su hombría. ¡Oh, cuánto anhelo someterla a un tormento indescriptible!».

Para su disgusto, Yelena consiguió escapar, y no se sabía cuándo podría vengarse.

—Está infectada con mi veneno de ciempiés de siete colores. Tarde o temprano, volverá y me suplicará el antídoto. Y cuando eso ocurra, José tendrá la oportunidad de vengarse —comentó con frialdad Wilfredo.

Al escuchar sus palabras, Gerardo se sintió un poco aliviado.

Wilfredo extendió la mano, mostrando un espantoso agujero ensangrentado. El ciempiés de siete colores volvió a introducirse en su palma a través del agujero, causándole un dolor visible.

La imagen era espeluznante, pero Gerardo se abstuvo de hacer demasiadas preguntas. Sentía orgullo al saber que su hermano menor poseía un arma tan poderosa.

Una vez que el ciempiés de siete colores se hubo retirado por completo dentro del cuerpo de Wilfredo, la expresión de agonía de su rostro se disipó despacio. Después, se dirigió hacia Benedicto y le propinó varias patadas.

—La supuesta fuerza intocable que mencionaste ya ha caído víctima de mi veneno de ciempiés de siete colores. Su tiempo se está acabando. ¿Te sientes desesperado ahora? —Wilfredo hizo una mueca de desdén.

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