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Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 108

A juzgar por el impacto creado por el ataúd de caoba al caer, debía pesar al menos trescientos kilogramos. No pudieron evitar preguntarse quién poseería tanta fuerza para arrojar el ataúd de caoba desde tan lejos, hasta el patio de la residencia Chacón y herir de gravedad a Wilfredo, un artista marcial.

—Eso es imposible…

Angelina sacudió la cabeza con incredulidad. Esa voz le resultaba demasiado familiar, pero no podía creer que el dueño de esa voz fuera la misma persona que tenía en su mente.

Giró la cabeza con rigidez hacia la entrada dañada. Por fin apareció el joven. Era Emir.

En un instante, todos los miembros de la familia Chacón abrieron los ojos con incredulidad, sobre todo Angelina. No pudieron evitar temblar de miedo.

«Es él. ¡En verdad es él! Emir fue quien lanzó el ataúd de caoba a nuestro patio. ¿No es el juguete de Cordelia? ¿Cómo tiene una fuerza tan inmensa?».

Los dientes de los Chacón castañeteaban de miedo porque sabían que, muy tal vez, él también era un artista marcial como para ser capaz de arrojar él solo un pesado ataúd de caoba a su patio.

Esto también significaba que la persona a la que la familia había estado intentando menospreciar durante los últimos días, era un artista marcial. Ese pensamiento los aterrorizó al instante.

La expresión de Emir era gélida cuando entró en la residencia de los Chacón. Cada paso que daba infundía miedo en el corazón de los Chacón.

—He preparado un gran regalo para ustedes. ¡Un ataúd con velas de la muerte! ¿Les gusta? —bramó Emir. Su grito reverberó por toda la residencia, haciendo que todos los presentes se sobresaltaran asustados.

Tembloroso, Gerardo respondió:

—Señor Luna, tal vez haya un malentendido entre nosotros.

Emir lo miró con frialdad.

—¿Malentendido? Cuando estabas arruinando mi reputación y la de Delia, ¿por qué no lo llamaste entonces un malentendido?

Gerardo se quedó helado. Su enfado era palpable mientras clavaba su mirada en Angelina.

«¡Todo lo que está pasando hoy es por culpa de esta z*rra! ¡Maldita sea!».

Emir se acercó a Wilfredo y le dijo con frialdad:

—Escuché que te consideras el soberano de Distrito de Jade. También escuché que la familia Chacón quiere controlar todo Distrito de Jade. Por último, pero no menos importante, escuché que yo no soy más que basura a tus ojos.

A Wilfredo le entraron sudores fríos al escuchar las tres declaraciones.

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