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Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 111

Si no hubiera calumniado a Cordelia, la asesina de Jardín Sombrío no habría aparecido. Si ella no hubiera aparecido, no la habría mordido el ciempiés de siete colores. Si no la hubiera mordido el ciempiés de siete colores, Wilfredo no habría muerto tan rápido.

En otras palabras, aunque Wilfredo estuviera destinado a morir a causa del ciempiés de siete colores con el tiempo, podría haber llevado a la familia Chacón a expandir su influencia a las ciudades vecinas de Distrito de Jade mientras vivía.

En esencia, veían a Angelina como la razón de la caída de la familia Chacón.

Cuando ésta vio sus miradas furiosas, palideció de manera drástica.

Eso no era lo peor. Lo peor era que Emir ya se dirigía hacia ella. La aterradora presión del aire a su alrededor la estaba asfixiando.

—Angelina, ¿no te dije que no me traicionaras? ¿Por qué tuviste que jugar con fuego?

La voz de Emir era como la del diablo.

¡Pum!

Asustada, Angelina sintió que se le doblaban las rodillas y se desplomó en el suelo. Los bajos de su falda estaban húmedos.

Mientras Emir la miraba con apatía, dijo:

—No sé qué te ha dado confianza para compararte con Delia. Si ella es la luna brillante del cielo, tú, Angelina, no eres más que una luciérnaga en el suelo. ¿Quién te crees que eres para actuar con tanta arrogancia?

Un error llevaría a más errores en el futuro.

Si Angelina no le hubiera puesto las cosas aún más difíciles al Grupo Cordelia cuando éste estaba en crisis, entonces ella no estaría en esta situación en ese momento.

Si no hubiera elegido casarse con la familia Chacón y no hubiera optado por vengarse de Cordelia, con su belleza, habría llevado una vida cómoda.

Por desgracia, de todas las opciones que tenía, eligió el peor camino.

Solo se podía decir que sus celos eran muy aterradores, pero también eran su perdición.

—¡Por favor! Por favor, no digas más…

Angelina se agarró la cabeza con desesperación mientras las lágrimas caían de sus ojos. Se le había corrido el maquillaje y parecía un desastre.

Justo en ese momento, Gerardo dijo de pronto en tono gélido:

—Señor Luna, todo ocurrió por culpa de esta mujer. A partir de ahora, ella ya no pertenece a la familia Chacón. Le corresponde a usted decidir qué quiere hacer con ella, señor Luna.

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