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Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 132

Rogelio, percibiendo el significado subyacente, sonrió y contestó:

—Doctor Luna, si le parece bien, Jacqueline le servirá de todo corazón y llevará a cabo cualquier tarea que le asigne.

—Papá, ¿de qué estás hablando? —Jacqueline dio un pisotón en señal de protesta, mirando a Rogelio. Pero su expresión revelaba que no se oponía del todo a la sugerencia. Parecía más avergonzada que otra cosa.

Emir sonrió y dijo:

—Agradezco su amable oferta, señor Barajas, pero ya tengo siete extraordinarias y despampanantes hermanas.

Después de hablar, se levantó, salió del salón y abandonó la casa con su bicicleta.

Cuando Rogelio observó la figura de Emir en retirada, sus ojos brillaron de emoción y exclamó:

—El doctor Luna es un individuo extraordinario con un gran potencial. Creo que está destinado a la grandeza. Nosotros, la familia Barajas, debemos mantener un estrecho contacto con él. ¿No estás de acuerdo, Jacqueline?

—¿Hmm? —Jacqueline, perdida en sus pensamientos, volvió con brusquedad a la realidad al escuchar las palabras de Rogelio—. ¡Sí, tienes toda la razón, papá!

Al notar su expresión, Rogelio no pudo evitar burlarse de ella:

—Jacqueline, ¿por qué pareces decepcionada? ¿Estás disgustada porque el doctor Luna no te aceptó como su sirvienta?

—¿Qué? Yo no… —Jacqueline, famosa por su ego, nunca se permitiría sentirse decepcionada tan solo porque Emir se negara a tomarla como su sirvienta.

Sería un golpe demasiado duro para su autoestima.

Atrapada en el acto de defenderse, las palabras de Jacqueline vacilaron cuando sus ojos se encontraron con la mirada de Rogelio, dejándola por un momento sin habla.

Rogelio la miró, perplejo.

«En efecto, es todo un reto comprender lo que pasa por la mente de una chica».

Mientras tanto, en la residencia de los Yáñez en Jáltipan, una mujer de belleza y elegancia deslumbrantes estaba cautivada por la pantalla de su computadora.

Sus ojos se abrieron de par en par con incredulidad mientras asimilaba la información que se mostraba ante ella.

Se llamaba Lidia Rojas.

A pesar de sus cuarenta y tantos años, su diligente autocuidado era evidente en su cutis impecable, libre de manchas y arrugas. Sus rasgos desprendían un sutil encanto, testimonio de la gracia del paso de los años. Lidia debió de ser una belleza impresionante en su juventud.

Si Emir llegara a ver a esta encantadora mujer, sin duda se quedaría estupefacto, pues tenía un parecido asombroso con su extraordinaria hermana, Cordelia. Ambas eran bellezas encantadoras.

Capítulo 132 El parecido es asombroso 1

Capítulo 132 El parecido es asombroso 2

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