Al ver la actitud de Emir, Ezequiel rugió de rabia. Pero Irvin hizo un gesto con la mano, indicándole que retrocediera. Luego, con una mirada divertida, se volvió hacia Emir y le dijo:
—Jovencito, parece que tienes un aire bastante arrogante, ¿verdad?
Emir no respondió.
Irvin continuó:
—Es normal que los jóvenes tengan orgullo, pero el orgullo excesivo es como cavar tu propia tumba. ¿Crees que alguien vendrá a salvarte hoy?
Irvin esbozó una sonrisa. De repente fijó una mirada aguda en Emir, pero éste parecía por completo ajeno. Tras un momento de contemplación, preguntó:
—¿Por qué tengo que esperar a que alguien venga a rescatarme? ¿No puedo salvarme yo solo?
—¿Salvarte?
Irvin y Ezequiel intercambiaron una mirada antes de estallar en carcajadas.
Casi ahogándose en su risa, Ezequiel dijo:
—Ja, ja, chico, en verdad estás tratando de hacerme morir de la risa. No pensarás en serio que tus truquitos pueden igualar las habilidades de mi padre, ¿verdad?
Ezequiel había sido testigo de las habilidades de Emir en Valle de los Tulipanes, que eran en verdad impresionantes, pero eso no debería haberlo hecho sentirse orgulloso.
Aunque una persona corriente tuviera unas habilidades de lucha excepcionales, frente a un artista marcial entrenado, no sería más que el hazmerreír.
—¿Tan divertido es?
Justo cuando Irvin y su hijo creían haber escuchado el chiste más grande, las palabras de Emir hicieron que sus risas cesaran con brusquedad.
—Niño ignorante, ahora entiendo por qué Lidia te desprecia tanto. ¡En verdad ignorante e imprudente!
La mirada de Irvin se tornó seria al fin, revelando una expresión feroz. El aura dominante que antes había hecho retroceder a Ricardo surgió de nuevo.
¡Bum!
En un instante, la sala pareció envuelta en una sombra aterradora. Incluso Ezequiel no pudo evitar sentir que su corazón latía con fuerza. Pero Emir se echó a reír de repente.


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