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Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 160

Sin querer, se le había abierto una raja en el cuello de la camisa.

Echar el primer vistazo fue un instinto. No dar una segunda mirada fue un signo de autocultivo. Mientras Emir mantuviera los ojos abiertos, siempre sería la primera mirada.

—¡Ah! doctor Luna, ¡es tan travieso!

Al sentir la intensa mirada de Emir, Jacqueline dejó escapar un suave jadeo, sus mejillas se sonrojaron aún más, pero no había ni una pizca de incomodidad en su corazón. Al contrario, se sintió satisfecha de sí misma.

«Así que resulta que yo también tengo cualidades que atraen al doctor Luna».

El estado de ánimo de Rogelio en ese momento era por completo diferente al de Jacqueline. Estaba por completo aturdido por las palabras de éste.

«No es a mí a quien le falta una pieza. Podría ser…».

Reprimiendo los latidos desenfrenados de su corazón, Rogelio entró en el vestíbulo de la residencia Montelongo. El interior era un caos, pero lo que vio a continuación hizo que abriera los ojos de asombro.

En medio de un grupo de frenéticos guardaespaldas, Ezequiel yacía en el suelo, cubierto de sangre en la cara y los hombros, con aspecto inerte.

Lo que más sorprendió a Rogelio fue Irvin, que se arrodilló en el suelo, murmurando algo como si hubiera perdido la cabeza. Para su sorpresa, uno de sus brazos yacía amputado a su lado, ¡un espectáculo espeluznante de contemplar!

«¿El brazo del señor Montelongo está amputado?».

Rogelio se sorprendió al principio, pero luego le invadió una alegría sin precedentes que le puso la cara roja como un tomate. Incluso sin pensarlo mucho, sabía quién era el responsable de cortarle el brazo a Irvin.

«¡Debió ser el doctor Luna! ¡Debió ser él!».

Cuando Rogelio vio por primera vez a Emir matar a San Barba Amarilla, supo que no era una persona corriente. En ese momento, había decidido unirse a él, llegando incluso a ofrecer con seriedad a su hija como sirvienta.

Ahora parecía una decisión muy acertada.

«La familia Barajas está montada en sus faldones. ¡Nadie puede quitármelo!».

Rogelio estaba abrumado por la emoción. Al salir de la residencia Montelongo, apartó a Jacqueline y le habló solemne:

—Jacqueline, tengo una tarea para ti, crucial para el futuro de nuestra familia.

Capítulo 160 Brazo amputado 1

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