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Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 35

A continuación, un fuerte estruendo rasgó el aire.

¡Bum!

Los dos hombres chocaron con fuerza contra las puertas, la fuerza los hizo volar hacia el interior.

Muchos clientes estaban jugando al bacará en el casino en ese momento. Todos se asustaron al escuchar el estruendo de las puertas.

«¡Diablos! ¿Qué está pasando?».

Todos dirigieron sus miradas hacia las puertas, desconcertados. Al momento siguiente, entró un joven con expresión gélida.

—¡Lárguense si no quieren morir!

Su voz no era alta, pero todos en el casino lo escucharon fuerte y claro. Cuando hablaba, la temperatura de todo el casino parecía haber caído en picado.

«Oh, Dios, en definitiva, ¡ha matado antes!».

Con el corazón agitado, los clientes no se atrevieron a esperar más. En un santiamén, el casino quedó vacío y solo quedaron unas cuantas hermosas croupiers escondidas bajo las mesas, temblando sin cesar.

—¿Qué está pasando aquí?

Héctor se acercó corriendo al escuchar el alboroto, seguido de su grupo de subordinados tatuados.

En cuanto vio a Emir, sus pupilas se contrajeron con brusquedad.

—¿Quién es usted?

Sin responderle, Emir preguntó:

—Fuiste tú quien envió el video a mi hermana, ¿verdad?

Al instante, Héctor comprendió que el hombre estaba ahí por Gavino. Hizo un gesto con la mano, tras lo cual algunos de sus subordinados cerraron con rapidez las puertas del casino y rodearon a Emir.

Entonces, instruyó a uno de sus subordinados:

—Arrastren a ese b*stardo fuera.

Poco después, Gavino fue sacado a rastras, con la cara hinchada y mallugada. Al ver a Emir, gritó excitado:

—¡Rápido, sálvame, Emir! Delia debe haberte enviado aquí para salvarme, ¿verdad?

—¡Cállate! —Héctor abofeteó a Gavino para calmarlo antes de volverse hacia Emir—. Deberías hacer tu papel cuando estás aquí para hacer un rescate. ¿Cómo vas a compensarme por haber echado a todos mis clientes en cuanto llegaste?

Reprimiendo la furia que llevaba dentro, Emir preguntó, escalofriante:

—No te lo ruego, sino que te lo advierto.

—¡Tan solo estás cortejando a la muerte!

En un instante, el rostro de Héctor se volvió negro como un trueno y sus ojos irradiaron hostilidad.

En ese preciso momento, un hombre fornido se adelantó de repente e intervino:

—Señor Lagunes, creo que sabe artes marciales. ¿Por qué no me bato en duelo con él?

El hombre que habló era Humberto Linares, el mejor luchador de Héctor y la razón clave por la que alcanzó con éxito su estatus actual.

Héctor asintió con la cabeza.

—No digas que no te doy ninguna oportunidad, muchacho. Mientras puedas sobrevivir a diez movimientos suyos, podremos sentarnos a hablar. Pero si no… —Se rio con frialdad antes de continuar—: No solo Gavino se quedará aquí, sino que tú también deberás quedarte hoy. El rescate se duplicará por diez.

¡Bum!

En cuanto terminó de hablar, vio que Emir avanzaba a toda velocidad y propinaba una brutal patada en la pierna a Humberto.

Aunque éste consiguió cruzar los brazos ante sí para bloquear la patada en el último momento, aquella fuerza aterradora superaba su resistencia. Sus brazos se quebraron al instante y su pecho se hundió bastante.

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