Cuando Reinaldo recobró el sentido poco después, bramó:
—¿De dónde diablos has salido? ¿No te das cuenta de lo que es este lugar?
Emir no respondió. Lo único que hizo fue lanzarle a Clara una mirada mortal. Ella había agarrado a Camila por la barbilla y se disponía a hacerle tragar licor a la fuerza.
En ese instante, un aura asesina estalló en la habitación.
—¡Maldita seas! ¡¿Cómo te atreves a hacerle esto a mi hermana?! ¡Voy a matarte, aunque sea lo último que haga!
En medio de un rugido atronador, Emir tiró del cabello de Clara y la golpeó contra la puerta. Después, la agarró por el cuello y la suspendió en el aire.
Clara estaba muerta de miedo, mientras que los demás presentes en la sala privada respiraban horrorizados.
«¿De dónde ha salido este asesino?».
—Tú… ¿Qué clase de hombre eres para golpear a una mujer?
Reinaldo habló para defender su orgullo a pesar de la culpa que sentía en su interior. Pero, en el momento en que terminó…
¡Paf!
Una sonora bofetada resonó en la sala privada.
Con la cara desencajada, Reinaldo preguntó:
—Papá, ¿por qué me pegas? ¿No deberías pegarle a él en su lugar?
Le impactó que su propio padre, Patricio, lo hubiera golpeado.
Patricio respondió con voz temblorosa:
—Tú eres el que merece ser golpeado. ¿Sabes quién es el señor Luna?
Patricio fue presa del pánico.
Al final de la subasta del otro día, Patricio informó a su maestro de que Emir había exhibido su habilidad en la Aguja del Noveno Renacer. No esperaba que éste vomitara sangre de la emoción. En consecuencia, su reacción lo escandalizó.
A partir de ese día, su maestro le ordenó que buscara a Emir, pues quería que éste lo aceptara como alumno.
«¡Mi maestro quiere que Emir sea su maestro!».
En aquel momento, Patricio se quedó estupefacto. Con rapidez buscó la ayuda de Yelena, esperando que ésta pudiera facilitarle los datos de contacto de Emir, pero, debido a la enemistad entre ambos, ella se negó a reunirse con él, lo que llenó a este último de ansiedad.
—¿De quién ha sido la idea de este desafío de beber?
En ese instante, el terror se apoderó del colega de Reinaldo, que se apresuró a pasarle la pelota.
—R…Reinaldo me obligó a hacerlo.
La penetrante mirada de Emir se desvió enseguida hacia Reinaldo, provocándole un escalofrío.
Patricio explicó de manera frenética:
—Señor Luna, no sabíamos que la señorita Blanco era su amiga…
—¿Desde cuándo te permití hablar?
Patricio se quedó perplejo tras recibir un chasquido de Emir.
Justo cuando todos pensaban que Emir le daría una violenta paliza a Reinaldo, escucharon una mueca de desprecio por parte del primero.
—Déjame terminar el desafío de beber en nombre de Camila.

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