Camila esbozó una tímida sonrisa.
—No sé. No puedo recordar otras cosas tan bien, pero cuando se trata de métodos de acupuntura, puedo recordar los detalles después de verlo una vez.
Emir exclamó:
—¡Camila, eres una genio de la medicina!
«Ya nadie se atrevería a llamarla tonta».
Al final, Camila solo empleó dos horas en dominar por completo los Siete Pinchazos del Infierno.
Emir sintió que le invadía un sentimiento de vergüenza.
—Camila, ¡eres increíble! Debo admitir mi derrota. Me llevó toda una tarde comprender esta técnica de acupuntura.
Camila agitó con modestia la mano.
—Oh, no, en absoluto. Creo que todavía tengo mucho margen de mejora. Debería esforzarme más.
Darío, Federico y el resto casi tosieron sangre de exasperación.
«¿Ambos son monstruos? ¿Cómo pueden decir eso? A nosotros nos llevaría al menos unos meses dominar esta técnica de acupuntura, pero Emir la dominó en una tarde y Camila en dos horas. Pero, a pesar de sus impresionantes progresos, ninguno de los dos se siente satisfecho. ¿Y nosotros?».
De vuelta en Finca Frondosa, tres hermosas jóvenes se divertían en la piscina.
Su piel clara, expuesta al aire, brillaba bajo la luz del sol. Resultaban muy atractivas empapadas de agua.
Las damas no eran otras que Cordelia, Camila y Yelena.
Antes, Camila solía alojarse cerca de Clínica Albaricoque. Con solo tres médicos que hacían turnos rotatorios, ella, al ser la propietaria, siempre estaba presente en la clínica para prestar su ayuda todos los días.
Pero ahora era diferente.


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