El video que más impresionó a Emir fue uno muy emocionante. Se trataba de una estudiante internacional Cananeana y su novio extranjero. La estudiante se llamaba Emilia.
Más tarde, Emir llegó puntual al lugar de la cita a ciegas, un café de categoría, porque quería echar un vistazo a la actriz porno internacional.
Pero, después de esperar media hora, Emilia aún no había aparecido.
Al final, Emir perdió la paciencia y pensó que lo estaban dejando plantado. Justo cuando estaba a punto de irse, llegó Emilia. Su figura era esbelta y vestía a la moda.
Lo más importante para él era, que era la mujer del video.
Era evidente que Emilia ya había visto la foto de Emir porque se dirigió directo hacia él con una mirada un poco decepcionada.
Antes, había visto un Bugatti Veyron estacionado en la entrada y, en secreto, esperaba que el auto perteneciera a Emir. Pero desechó esa idea al ver a éste.
«Es imposible que un hombre adinerado lleve algo tan barato».
Emilia había estudiado en el extranjero, por lo que estaba bien informada. Así, con solo echar un vistazo, calculó que el atuendo de Emir tal vez solo costaba menos de trescientos.
En consecuencia, supuso que el Bugatti Veyron no le pertenecía.
—Llegas tarde. —Eso fue lo primero que Emir le dijo a Emilia.
—¡Qué hombre más denso! —Emilia puso los ojos en blanco—. Las mujeres necesitamos tiempo para maquillarnos. Es normal que lleguemos tarde. Además, solo llego media hora tarde, que no es tan atroz.
Aunque no podía importarle menos Emir, aun así, se sentó con modestia y se preparó para proceder con la cita.
—Ya que estoy aquí, no digas que no te di una oportunidad. Háblame de tus condiciones.
—¿En qué condiciones? —preguntó Emir.
—Eres un estúpido. Me refiero a cosas como cuán grande es tu casa, qué tipo de auto conduces y cuánto dinero ganas al mes.
—No tengo un sueldo, pero mi casa es tan grande como quiero y mi auto puede ser tan lujoso como deseo.
—¿Eres el heredero de una familia rica?
—No.
—Entonces, ¿de dónde sacarás el dinero para comprar autos y casas?
—Solo tengo que llamar a alguien y me lo comprarán.
—¡Creo que tienes un tornillo suelto en la cabeza!
—¿Qué te importa a ti, eh? ¡Fuera! —La mujer de cabello ondulado miró con brusquedad a Emir, a pesar de que hace un segundo se estaba mostrando adorable.
La otra mujer comentó con una sonrisa:
—Si quieres ligar con nosotras, deberías decirlo, guapo. Aunque tu ropa no es nada impresionante, pareces bastante atractivo. Si me pides de manera amable mi número de teléfono, quizá te lo dé.
Emir se quedó sin habla.
«¿A las mujeres modernas les encanta juzgar a la gente por su aspecto?».
Vestir con estilo no era algo que le importara. La comodidad y la durabilidad eran las únicas características de la ropa a las que prestaba atención. Que una prenda fuera de marca, no le importaba.
Era un hábito moldeado por su tiempo en la frontera durante la guerra. En su trabajo, solo se vestía lo mejor posible antes de ser enterrado.
Ignorando a las mujeres, Emir abrió la puerta de su Bugatti Veyron y entró en él.
¡Run, ruuun!
El ruido del motor sobresaltó a las mujeres. Sus expresiones cambiaron de inmediato cuando se volvieron y vieron a Emir sentado en el interior del vehículo.

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